un árbol con las raíces en el cielo aśvattha Y ARBOL DE LA VIDA

Cábala: un árbol con las raíces en el cielo

La cábala ha llegado a nosotros como parte de la tradición abrahámica, eso es, como parte de la tradición bíblica o de ‘El Libro’.

En este artículo voy a introducir una visión de la cábala distanciada de la tradición cabalista, aunque espero que sea respetuosa y coherente con esa tradición. La primera pista para ver en qué forma voy a enfocar el tema es comenzar con un texto de la tradición que se acostumbra a considerar antagónica al monoteísmo: la tradición brahmánica de la India.

En este caso quiero que veas el Árbol de la Vida, una estructura fundamental de la tradición cabalística, en un texto hinduista: el Bhagavad Gita.

Devanagari: उर्ध्वमूलमध:शाखमश्वत्थं प्राहुरव्ययम्। छन्दांसि यस्य पर्णानि यस्तं वेद स वेदवित्॥ १॥

Transliteración: Urdhva-mūlam adhaḥ-śākham aśvatthaṃ prāhur avyayam,
chandāṃsi yasya parṇāni yas taṃ veda sa vedavit.

Traducción: «Se dice que existe un árbol baniano inmortal, cuyas raíces están hacia arriba y sus ramas hacia abajo. Sus hojas son los himnos védicos. Quien conoce este árbol conoce los Vedas.»

Bhagavad-gītā, capítulo 15, verso 1

La base de mi enfoque es que eso hace referencia al proceso mismo de conocer. Igual que Veda significa ‘conocimiento’ o ‘saber’, el sentido profundo de cábala es el conocimiento mismo, no solo las técnicas y tradiciones que han mantenido viva la tradición.

La palabra «Veda» proviene del sánscrito veda, que significa «conocimiento» o «sabiduría». Este término está relacionado con la raíz indoeuropea weid, que significa «ver» o «saber», y comparte origen con palabras en latín como video («ver») y en griego eidos («aspecto») y oida («saber»)​

 

A ese conocimiento que proviene de ‘arriba’ lo llamo conocimiento vertical y a la tradición, conocimiento horizontal.

Conocimiento horizontal y conocimiento vertical

Existe un conocimiento racional, heredado de los antepasados, sujeto a la política y a los cambios de significado. Este es el conocimiento al que he llamado horizontal, y no solo se refiere a la tradición religiosa o la cultura, también nuestra propia mente es una tradición horizontal.

El conocimiento vertical es la manera como nuestra mente conecta con el presente, entendiendo que el presente es una expresión de lo que podemos llamar «eternidad». Es un conocimiento que, de alguna manera, en todo momento está presente: un conocimiento que no está sujeto al tiempo, que está presente en el presente, no es temporal. Tiene que ver con conocer o experimentar. Me referiré a esto a veces como gnosis.

En realidad, ese conocimiento vertical lo reconocemos en relación al horizontal, es decir, la presencia de esa gnosis se da en el proceso cotidiano de conocer, en la unión entre lo eterno y lo histórico, entre el ser y la manifestación, entre el conocedor y la experiencia. A esto a veces lo podemos visualizar como una unión de tipo íntimo: conocer mujer en el sentido bíblico.

El sentido no es tanto ver otros mundos o encontrar algo superior como dar profundidad a la experiencia. «Conocer mujer», aparte de lo que pueda implicar respecto al uso de nuestra energía vital, hace referencia al proceso cognitivo.

El conocimiento esotérico tiene que ver con la comprensión verdadera, y abarca toda forma de conocimiento: sensorial, intelectual, intuitivo… Está relacionado tanto con uno mismo como con todas las experiencias que vivimos.

sexo y cabala

Conocer mujer

El carácter aparentemente sexual de la expresión «conocer mujer» conecta con las tradiciones tántricas de la India. Sin embargo, cuando se enfoca desde la tradición occidental, debe entenderse en relación con el relato bíblico. En este caso, Adán y Eva son los símbolos que nos pueden servir para trabajar y comprender esta unión.

Para que todos los símbolos adquieran su significado, es necesario que conectemos con nuestro conocimiento vertical, o si lo prefieres, conectar con el conocedor interno. No se trata tanto de conectar con algo del interior, sino de conectar nuestras energías o funciones mentales. Y en eso nos ayuda una tradición que sea verdadera, sea cual sea.

El uso de nuestras capacidades horizontales no debe ser un obstáculo para la gnosis. La intuición, la claridad y la capacidad cognoscitiva cobran sentido respecto a la experiencia. Es decir, la lógica da sentido a la intuición, la claridad mental cobra sentido al enfocarse en algo, y la gnosis se manifiesta en cada proceso cognitivo.

De lo que se trata es de unir lo que está separado desde el evento simbolizado por la caída de Adán y Eva.

Aprender a conectar nuestro interior puede apoyarse en la lógica cuando precisamos ordenar lo que recibimos. No podemos retener un conocimiento sin conectarlo con el lenguaje y los símbolos. Si no logramos eso, puede que tengamos problemas para vivir y relacionarnos. Si no somos capaces de usar el lenguaje de quienes nos rodean, si no tenemos símbolos compartidos y experiencias comunes asociadas al conocimiento, estaremos bastante locos. Por usar una especie de koan:

Estaremos locos pero no estaremos suficientemente locos.

Creeremos ver una realidad superior, pero en realidad estaremos solo en una realidad propia, quizás peor que la que compartimos con nuestro prójimo.

Debemos poder encontrar símbolos para codificar conocimiento y poder decodificar símbolos para conectar nuevos significados. Debemos poder conectar razón y emoción, instinto y ética… aprender a leer no es inventar un idioma, sino aprender a interpretarlo.

Interpretar símbolos no ayuda tanto como visualizarlos; tener el símbolo presente permite darle significado cuando la vivencia llega con el conocimiento real. La toma de conciencia es un «don», un milagro al que no prestamos atención. Pero no buscamos un conocimiento árido, sino el gozo; el verdadero éxito es el gozo, metáfora de ese milagro en el que lo celestial toma conciencia de lo terrestre y le da sentido.

En este caso, esos procesos de integración tienen en la unión de Adán y Eva un símbolo perfecto para señalar el carácter gozoso del trabajo interno y distanciarlo del trabajo cultural. Porque, en realidad, la cultura es en gran medida resultado o consecuencia de un error cognitivo. Percibimos la existencia desde el dolor cuando, en esencia, la existencia es gozosa.

Dolor y placer

El conocimiento del pasado se paga con dolor; la tensión y el miedo son expresiones de ese error fundamental, de esa disociación que nos hizo salir del Edén. Un error que no se cura con dolor, un error que solo se ve cuando uno está frente al conocimiento-gozoso, frente a la unión entre lo celestial y lo terrestre. Solo entonces, en esos momentos en que intuimos la verdad, el error puede ser redimido.

Cuando el conocimiento vertical y el horizontal se unen, formamos una cruz, pero esa cruz no tiene nada que ver con sufrir. Esa cruz es un mándala.

De todo esto va esta web, aunque con enfoques diversos, te dejo a continuación algunos enlace relacionados,

Aquí puedes descargar este valioso estudio de Kabbalah elaborado por Antonio Remes a lo largo de seis años. El documento contiene 11 tablas, cada una diseñada minuciosamente para ofrecerte un resumen detallado y fácil de comprender. Además, incluye diagramas que te ayudarán a visualizar conceptos complejos de manera clara y concisa.

Kaṭha Upaniṣad (6.1):

“Con las raíces arriba (ūrdhva-mūlaḥ), con las ramas hacia abajo (avāk-śākha), así es el eterno aśvattha. Eso en verdad es lo puro. Eso es el brahman, al cual llaman el inmortal. En él descansan todos los mundos. No hay nada que lo trascienda. Esto es eso, en verdad”.

 Śvetāśvatara Upaniṣad (III.9):

“No hay absolutamente nada más alto que el puruṣa, nada más grande o más pequeño que él. Él está presente como árbol (vṛkṣa) afincado en el cielo. El puruṣa llena el mundo entero”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *