INDICE DEL ANTICRISTO DE Friedrich Wilhem Nietzsche

Ensayo sobre El anticristo de Friedrich Wilhem Nietzsche

El contexto de este ensayo

Este ensayo está en el contexto del proyecto La locura de Adán. Este proyecto tiene dos facetas: una es literaria y parte de un libro, podríamos decir que es el libro canónico, del cual surge obra derivada.

Esta web es una obra derivada y la manifestación de la otra faceta del proyecto: la faceta conceptual, basada principalmente en el título La locura de Adán, pero de forma más extensa, en el estudio del lenguaje.

Pero mi proyecto, y de hecho yo mismo, existimos en el contexto del tiempo, de la época en que vivimos o en la que hemos manifestado nuestro ser, nuestra acción. En el caso del libro, eso comenzó hace más o menos tres décadas, pero ahora esto está sucediendo en la época o era cibernética, y más concretamente en el segundo año de la explosión de las inteligencias artificiales, a las que a veces llamaré inteligencias no orgánicas.

Y sí, yo uso esas herramientas para escribir, sobre todo para escribir sin preocuparme por errores de dedo u ortográficos y para documentarme. Esto es así en este ensayo.

Metodología del ensayo

Mi metodología quiero que sea coherente con el tema que estoy tratando: la mediocridad en la cultura en la época o era cibernética. Mi intención es no adoptar una actitud pasiva ante la obra ni, mucho menos, permitir que un modelo de lenguaje genere un texto, es decir, que me sustituya. Creo que esa es precisamente la actitud hiperbórea de la que hablaremos más adelante, en el primer capítulo. Mi entendimiento de la voluntad de poder es ese: poder no es un nombre, no es un objeto, es un verbo. Si hay algo que se pueda llamar poder en tanto nombre, cobra sentido en tanto es acción, es decir, verbo. El poder se expresa como yo puedo.

El análisis de El Anticristo será exhaustivo, pero no estoy interesado en analizar meramente ese libro, sino en ver cómo lo que Nietzsche planteaba en su tiempo debe entenderse ahora, pues la doctrina a la que este libro se oponía tiene ahora una nueva forma; eso que él llamó cristianismo es ahora una doctrina nueva: la ausencia de un clero visible y la democratización de la capacidad de censura cultural deben verse con una mirada nueva y contemplarse en el contexto de la posibilidad de ceder la creatividad a las inteligencias artificiales, con las que creo vamos a tener que interactuar, queramos o no.

Indice del ensayo

 Aunque El Anticristo es un texto filosófico de gran relevancia histórica, su tono y contenido podrían activar mecanismos de moderación debido a su crítica directa a la religión y su lenguaje confrontativo. Estos sistemas están diseñados para prevenir el discurso que se perciba como violento o que pueda ser considerado ofensivo por ciertos grupos, lo que, desafortunadamente, puede limitar la libertad creativa en algunos contextos. (ChatGPT)

Para facilitar la comprensión del contenido, voy a solicitar un resumen automático de las ideas que se exponen en el libro y el contexto en que fue escrito, precedido de la bibliografía completa de Nietzsche. Señalaré también la posición que ocupa El Anticristo en esa bibliografía.

[Nota: En este índice en que estamos no solo se indexa el Anticristo, sin también otros articulos. De ahí que tengamos dos índices – Estás en el fractal infinito, nada es lo que parece]

Sobrevolemos como un águila sobre el contenido, veamos un resumen de cada capítulo. Ya veremos luego de extraer significado al texto mismo

 

Por ejemplo, cuando he definido el mundo abstracto como cielo y el sensorial como tierra, hay algo ahí que podemos sentir, casi sensorialmente: el cielo que hay sobre nuestras cabezas simboliza una sensación física de que algo sucede en un lugar elevado que es nuestra cabeza.

Mirémonos de frente. Somos hiperbóreos, y sabemos bastante bien cuán aparte vivimos. “Ni por tierra ni por mar encontrarás el camino que conduce a los hiperbóreos.” Píndaro ya sabía esto de nosotros.

Es sabido que Nietzsche experimentaba episodios de intensa creatividad, que él mismo podría haber interpretado como revelaciones, particularmente en la creación de su obra más influyente, Así habló Zaratustra. En sus escritos, Nietzsche a menudo habla de inspiración súbita, como en la famosa «visión y enigma» de Zaratustra.

Vale más vivir entre los hielos que entre las virtudes modernas y otros vientos meridionales… Fuimos bastante valerosos: no tuvimos clemencia ni para nosotros ni para los demás; pero por largo tiempo no sabíamos dónde nos conduciría nuestro valor. Nos volvimos sombríos, nos llamaron fatalistas. Nuestro fatum era la plenitud, la tensión, la hipertrofia de las fuerzas.

¿Qué es lo bueno? Todo lo que eleva en el hombre el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo.
¿Qué es lo malo? Todo lo que proviene de la debilidad.
¿Qué es la felicidad? El sentimiento de lo que acrece el poder; el sentimiento de haber superado una resistencia.

En este capítulo 3 de El Anticristo, Nietzsche usa la palabra «züchten» para referirse al concepto de «educar» o «criar» un tipo particular de hombre. La palabra «züchten» tiene un significado específico en alemán, que se refiere a la cría o el cultivo, a menudo utilizado en contextos de cría de animales o plantas, lo que conlleva una connotación de selección y formación deliberada. Por lo que mi intuición o sensación se alinea más con el original.

El progreso no es más que una idea moderna; esto es, una idea falsa. El europeo de hoy está muy por debajo del europeo del Renacimiento; un desarrollo sucesivo no es absolutamente, con cualquier necesidad, elevación, ni incremento, ni refuerzo.

No se debe adornar y acicalar el cristianismo; hizo una guerra mortal a este tipo superior de hombre; desterró todos los instintos fundamentales de este tipo, de estos instintos extrajo y destiló el mal el hombre malo; consideró al hombre fuerte como lo típicamente reprobable, como el réprobo.

Considero pervertido a un animal, a una especie, a un individuo, cuando pierde sus instintos, cuando escoge y predica lo nocivo. Una historia de los sentimientos superiores, de los ideales de la humanidad –y es posible que yo la escriba–, sería tal vez la explicación de por qué el hombre se ha pervertido de este modo.

A RELIGIÓN DE LA COMPASIÓN SE LLAMA CRISTIANISMO.– La compasión está en contradicción con las emociones tónicas que elevan la energía del sentimiento vital, produce un efecto depresivo.

Preciso es decir aquí quiénes son nuestros contrarios: los teólogos y todo lo que tiene en su cuerpo sangre de teólogo, toda nuestra filosofía, es preciso haberla visto dentro de sí; se debe haber muerto por ella para no admitir más bromas en este punto (la libertad de pensamiento de nuestros investigadores de la naturaleza y fisiólogos es para mí una broma; les falta la pasión en estas cosas, el haber sufrido por ellas).

Preciso es decir aquí quiénes son nuestros contrarios: los teólogos y todo lo que tiene en su cuerpo sangre de teólogo, toda nuestra filosofía, es preciso haberla visto dentro de sí; se debe haber muerto por ella para no admitir más bromas en este punto (la libertad de pensamiento de nuestros investigadores de la naturaleza y fisiólogos es para mí una broma; les falta la pasión en estas cosas, el haber sufrido por ellas).

 Lo que un teólogo siente como verdadero debe ser falso: en esto hay casi un criterio de verdad. Su más profundo instinto de conservación veda que la realidad sea honrada en cualquier punto o tome simplemente la palabra.

Los alemanes me entienden fácilmente cuando digo que la filosofía ha sido estropeada por la sangre de los teólogos. El sacerdote protestante es el abuelo de la filosofía alemana, el protestantismo es el pecado original de esta filosofía. Definición del protestantismo: la hemiplejía del cristianismo y de la razón…

Lo que no es una condición de nuestra vida, la perjudica; una virtud derivada simplemente de un sentimiento de respeto frente al concepto de virtud, como Kant quería, es dañosa. La virtud, el deber, el bien en sí, el bien con el carácter de la impersonalidad y de la validez universal, son quimeras en las que se manifiesta la decadencia, el último agotamiento de la vida, la cicatería de Königsberg. 

 Por último, Kant intentó también, con inocencia alemana, dar aspecto científico a esta forma de corrupción, a esta falta de conciencia intelectual, con el concepto de razón práctica; inventó propiamente una razón hecha a propósito para los casos en que no nos debemos preocupar de la razón; esto es, cuando oímos la de la moral, el sublime precepto del “tú debes”.

Todos los métodos, todas las premisas de nuestra moderna mentalidad científica tuvieron en contra, durante miles de años, el más profundo desprecio; por ello se estaba excluido del comercio con los hombres honrados, se pasaba por enemigo de Dios, por despreciador de la verdad, por poseído del demonio. 

Por otra parte, nos precavemos de una vanidad que querría hacer oír su voz también aquí; aquella según la cual el hombre sería la gran intención recóndita de la evolución animal. No es en modo alguno el coronamiento de la creación; junto a él, toda criatura se encuentra al mismo nivel de sostener esto, sostenemos aún demasiado; el hombre es, en un sentido relativo, el animal peor logrado, el más enfermizo, el más peligrosamente desviado de sus instintos, aunque por cierto, a pesar de todo esto, es el más interesante.
Por lo que se refiere a los animales, Descartes fue el primero que con venerable audacia aventuró la idea de considerar al animal como una máquina; toda nuestra fisiología se afana por demostrar esta proposición.

Ni la moral ni la religión entran en contacto en el cristianismo con un punto cualquiera de la realidad. Causas puramente imaginarias (Dios, alma, yo, espíritu, libre albedrío y también voluntad no libre), efectos puramente imaginarios (pecado, redención, gracia, castigo, perdón de los pecados). Relaciones entre criaturas imaginarias (Dios, espíritu, alma); una ciencia natural imaginaria…

La religión, dentro de estas mismas premisas, es una forma de gratitud. Se es reconocido consigo mismo; para esto se tiene necesidad de un Dios. Un Dios semejante debe poder ayudar y damnificar, debe ser amigo y enemigo; se le admira en el bien como en el mal.

La castración, contraria a la naturaleza, de un Dios para hacer de él un Dios solo del bien, estaría aquí fuera de toda deseabilidad. Hay necesidad del Dios malo tanto como del Dios bueno; no se debe la propia existencia precisamente a la tolerancia, a la filantropía… ¿Qué importancia tendría un Dios que no conociera la cólera, la venganza, la envidia, el escarnio, la violencia? ¿Que no conociera ni siquiera los fascinadores apasionamientos de la victoria y del aniquilamiento?

Donde en cualquier forma declina la voluntad de poderío, se da siempre a la vez una regresión fisiológica, una decadencia. La divinidad de la decadencia, mutilada de sus virtudes y de sus instintos viriles, es ahora necesariamente el Dios de los degenerados fisiológicamente, de los débiles. Estos no se llaman a sí mismos los débiles; se llaman los “buenos”… Se comprende sin necesidad de explicaciones en qué momento de la historia se hace justamente posible la ficción dualística de un Dios bueno y de un Dios malo.

Dios, degenerado hasta ser la contradicción de la vida, en vez de ser su glorificación y su eterna afirmación. La hostilidad declarada a la vida, a la naturaleza, a la voluntad de vivir, en el concepto de Dios. 

El hecho de que las razas fuertes de la Europa septentrional no hayan rechazado al Dios cristiano no hace honor verdaderamente a sus cualidades religiosas, para no hablar del buen gusto. Debieran haberse sacudido semejante aborto de la decadencia, enfermizo, decrépito.

No desearía haber ofendido, con mi condenación del cristianismo, una religión afín, que ha prevalecido sobre el cristianismo por el número de los que la profesan: el budismo. Ambas están vinculadas entre sí como religiones nihilistas, son religiones de decadencia; pero se distinguen una de otra del modo más notable. Si hoy se pueden parangonar entre sí, es cosa de que el crítico del cristianismo está profundamente agradecido a los doctos indios.

Nuestra época blasona de su sentido histórico: ¿cómo ha podido imponerse el absurdo de que en los comienzos del cristianismo se encuentre la grosera fábula de un taumaturgo y de un redentor, y que todo el elemento espiritual y simbólico sea solo un desarrollo más tardío?

Contra el pasado, yo, como todos los estudiosos, alimenté una gran tolerancia, es decir, me hago generosamente violencia a mí mismo: yo atravieso el mundo– manicomio de milenios enteros con prudencia tétrica, ya se llame cristianismo, o fe cristiana o Iglesia cristiana; me guardo mucho de hacer a la humanidad responsable de las enfermedades que han afligido su espíritu. Pero mi sentimiento se rebela apenas me interno en los tiempos modernos, en nuestro tiempo.

Ya la palabra cristiano es un equivoco: en el fondo no hubo más que un cristiano, y este murió en la cruz. El Evangelio murió en la cruz

Si se quiere ser, personalmente, un elegido de Dios, o un templo de Dios, o un juez de los ángeles, entonces todo otro principio de elección, por ejemplo, la elección fundada en la probidad, en el espíritu y en el orgullo, en la belleza y en la libertad del corazón, se hace simplemente mundo, el mal en sí…

La fe como imperativo es el veto contra la ciencia; en la práctica es la mentira a toda costa… Pablo comprendió que la mentira –que la fe– es necesaria; a su vez la Iglesia, más tarde, comprendió a Pablo.

“La mujer es, por su naturaleza, serpiente: Eva”; esto lo sabe todo sacerdote; “de las mujeres procede todo el mal sobre la tierra”; esto también lo sabe todo sacerdote. Por consiguiente, también de ella viene la ciencia…” Precisamente, de la mujer aprende el hombre a gustar el árbol del conocimiento…

Ya se adivina qué ha entrado en el mundo con arreglo a esta lógica: el pecado. El concepto de culpa y de castigo, todo el orden moral del mundo fue inventado contra la ciencia, contra la liberación del hombre del poder del sacerdote… El hombre no debe mirar fuera de sí, sino dentro de sí; no debe mirar en las cosas con habilidad y prudencia para aprender; en general, ni debe mirar; debe sufrir… Y debe sufrir de modo que tenga constantemente necesidad del sacerdote. 

Para conquistar la verdad hay que sacrificar casi todo lo que es grato a nuestro corazón, a nuestro amor, a nuestra confianza en la vida. Para ello es necesario grandeza de alma: el servicio de la verdad es el más duro de todos los servicios. ¿Qué significa ser probo en las cosas del espíritu? Significa ser severos con nuestro propio corazón, despreciar los bellos sentimientos y formarse una conciencia de cada sí y de cada no. La fe nos hace felices, por lo tanto miente.

El cristianismo tiene en su base el rencor de los enfermos, dirige sus instintos contra los sanos, contra la salud. Todo lo que está bien constituido, todo lo que es altivo, orgulloso, sobre todo la belleza, lastima sus ojos y sus oídos. Recordaré, una vez más, la inestimable frase de Pablo: “Lo que es débil a los ojos del mundo, lo que es loco para el mundo, lo que es innoble y despreciable para el mundo, fue elegido por Dios”; esta fue la fórmula, in hoc signo llegó la decadencia.

Ya la duda es un pecado… La falta completa de limpieza psicológica en el sacerdote –que se revela en su mirada– es un fenómeno y una consecuencia de la decadencia; obsérvese de un lado las mujeres histéricas, y de otro los niños de constitución raquítica, y se verá que ordinariamente, la falsedad instintiva, el placer de mentir por mentir, son manifestaciones de decadencia. La fe significa no querer saber qué es la verdad. El pietista, el sacerdote de ambos sexos, es falso porque es un enfermo, su instinto exige que la verdad no tenga razón en ningún punto.

Es tan falso que los mártires sufran algo por la verdad de una cosa, que yo me atrevería a negar que jamás un mártir haya tenido nunca nada que ver con la verdad. En el tono en que un mártir lanza a la faz del mundo su convicción, se manifiesta ya un grado tan bajo de probidad intelectual, tal obtusidad para el problema de la verdad, que nunca hace falta refutar a un mártir.

No nos dejemos engañar; los grandes espíritus son escépticos.
Zaratustra es un escéptico. La fortaleza, la libertad proveniente de la fuerza y del exceso de fuerza del espíritu se demuestra mediante el escepticismo. Los hombres de convicciones no merecen ser tomados en consideración para todos los principios fundamentales de valor y no valor. Las convicciones son prisiones.

La ley, la voluntad de Dios, el libro sagrado, la inspiración, son solo palabras para indicar las condiciones en las cuales el sacerdote adquiere el poder, por las cuales conserva su poder; estos conceptos se encuentran en la base de todas las organizaciones sacerdotales, de todas las formaciones sacerdotales y filosófico–sacerdotales. La santa mentira es común a Confucio, al Código de Manú, a Mahoma, a la Iglesia cristiana: no falta en Platón. La verdad está aquí; estas palabras, dondequiera que son pronunciadas, significan: el sacerdote miente…

Mi objeción contra los medios empleados por el cristianismo es esta: que en él faltan los fines santos. Solo fines malos: envenenamiento, calumnias, negación de la vida, desprecio del cuerpo, envilecimiento y corrupción del hombre mediante el concepto de pecado; por consiguiente, también sus medios son malos. Yo leo con sentimiento opuesto el Código de Manú, obra incomparablemente más intelectual y superior; sería un pecado contra el Espíritu el nombrarle juntamente con la Biblia.

La razón superior de semejante procedimiento se encuentra en la intención de constreñir a la conciencia a que se retire, paso a paso, de la vida reconocida por justa (o sea demostrada por una experiencia enorme y sutilmente tamizada), de modo que se consiga el perfecto automatismo del instinto; esta premisa de todo género de maestría y de perfección en el arte de la vida. Fijar un Código a la manera de Manú significa brindar a un pueblo la facultad de hacerse maestro, de llegar a ser perfecto, de aspirar al supremo arte de vida. “A tal fin hay que hacerle inconsciente”; tal es el fin de toda santa mentira.

¿No se comprende todavía? El imperium romanum que nosotros conocemos, que la historia de las provincias romanas nos muestra cada vez mejor, esta admirable obra de arte de gran estilo, fue un comienzo, su construcción estaba calculada para demostrar su bondad en miles de años; hasta hoy no se construyó nunca, ni siquiera se soñó nunca construir en igual medida subspecie aeterni.

¡Griegos! ¡Romanos! ¡La nobleza del instinto, el gusto, la investigación metódica, el genio de la organización y de la administración, la creencia y la voluntad de un porvenir para el hombre, el gran sí a todas las cosas visibles en calidad de imperium romanum visible a todos los sentidos, el gran estilo que no era ya simplemente arte, sino que se había convertido en realidad, caridad, vida…, y no sepultado en veinticuatro horas en virtud de un fenómeno natural! ¡No destruido por los germanos y otros pueblos groseros, sino arruinado por vampiros astutos, escondidos, invisibles, enemigos! No vencido, sino chupado…

Despojémonos de prejuicios: los cruzados fueron la más alta piratería, y nada más. La nobleza alemana, en el fondo nobleza de vikingos, se encontró en su elemento con las cruzadas: la Iglesia sabía harto bien de qué modo se podía ganar a la nobleza alemana… La nobleza alemana, que fue siempre lo que fueron los suizos, los mercenarios para la Iglesia, siempre al servicio de los malos instintos de la Iglesia, estaba, sin embargo, bien pagada… 

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