EL CUENTO 23
[AMOR, MANTRAS Y EMOTICONOS]
Fue un dia 23 que llegué a Barcelona, pero podría ser ahora, bastaría con cambiar el tiempo verbal.
Ahora es día 23 de agosto de 2022, me he quedado sin posibilidad de comunicarme contigo Eva.
Ahora es día 4 de abril de 2024 estoy cambiando el texto, en la revisión final. Estoy revisando un capitulo difícil en que las emociones juegan un gran papel. Un capitulo que está directamente implicado en mi decisión de dar su forma final a este libro.
Fue un 23 de agosto, pero de 2023 que me di cuenta de que estaba donde estaba gracias a ti, Eva. Y no podía reprocharte nada. Me habías ayudado a cambiar mi realidad. A cambiar de realidad.
Ahora hace poco más de un año que regresé a Barcelona desde Ciudad de México y estoy completando la primera parte de este libro. Se que no es cierto, se que hoy, cuando escribo esto ya he escrito el libro entero, y sin embargo es cierto. En este ahora se superponen diferentes momentos del tiempo.
Este ahora es solo recuerdo, recordar es hacer pasar por el corazón otros momentos. Reconstruir el pasado en un ahora eterno. Incluso este momento que vivo es pasado, incluso mi vivencia presente es recuerdo.
Ahora aun estoy aterrizando. Ahora, casi dos años después de llegar a Barcelona mientras este texto aun está vivo. Mientras aun puedo cambiar el texto. ¿Cómo he llegado aquí?
El vuelo que me llevó a cruzar el océano desde México no comenzó desde el aeropuerto, comenzó en la estación de autobús de Valle de Bravo. O quizás no. Quizás comencé a volar estando ya en el bus. – El camión, decíamos en México para referirnos a los autobuses. Fue cuando me mandaste un mensaje preguntándome cómo estaba, como me sentía.
Estaba en la terminal de Valle de Bravo, no recuerdo la hora, pero el Sol aun no había salido, y me esperaban dos horas de viaje hasta la ciudad.
Cuando me mandaste ese mensaje, Eva, probablemente tu ya habías empezado a volar. Si es cierto lo que me dijiste en esos mensajes, tú ya habías pensado en ese futuro que estábamos a punto de hacer realidad. Ese futuro en que yo volaba para llegar a ti.
Escribiste “¿Cómo estás?” mientras yo dormía.
Había llegado en un taxi colectivo, uno de esos que recogen a otros pasajeros durante el viaje y cobran mucho más barato. Quizás para mi eran las seis y veinte de la mañana, para ti siete horas más y estabas en línea.
No recuerdo que es exactamente lo primero que te dije. Tu me preguntabas por mi estado después de saber de mi viudedad. Supongo que debí contarte un poco el proceso.
Había pasado varios meses encerrado en una cabaña en un condominio de Avándaro, población que pertenecía a Valle de Bravo. Solo hacía dos meses que había vuelto a salir y había hecho nuevos amigos en un local de Valle de Bravo. Población a la que nos referíamos coloquialmente como Valle. El Cuenco se llamaba ese local.
Cuando te escribí te conté algo respecto a que estaba mejor y un poco sobre como salir de nuevo me había conectado con la vida de nuevo. Y así iniciamos un chat que duraría desde antes de comenzar el trayecto, hasta unas horas después. Más de cuatro horas durante las que nos volvimos a enamorar y durante las cuales comencé a volar.
Quizás sea solo el amor lo que realmente pueda elevarnos de la densidad y quizás las palabras sean mantras capaces de elevarnos. Quizás solo sea la química, drogas ancestrales que desde el interior nos nublan la mente para que hagamos lo que en nuestro sano juicio nunca haríamos.
Pero aquí estoy ahora recogiendo dos pesadas maletas que aun he de transportar lejos, por más que sienta que su peso supera mi capacidad. Voy hacia ti. Eva.
Ahora, en este ahora en que reviso el libro antes de dejar que una imprenta lo fije. Ahora en que aun puedo borrar o cambiar todo, me asusta recordar lo que hice. Me asustaba hace unos meses cuando vi que había pasado un año de mi llegada.
Solo eran palabras y emoticonos, pero estaban cargados por una fuerza que ambos sentíamos como amor.
Todo comenzó en ese autobús.
Nuestra conversación era en catalán y no dijiste “¿Cómo estás?” . Las palabras exactas no las recuerdo tampoco. Se que te interesabas por mi estado y me decías que acababas de saber que mi esposa, Edna, había muerto meses antes. Fue en enero y tu no lo habías leído hasta ese día.
Pero claro que esta historia, nuestra historia, no comenzó ese día. En cierto sentido comenzó mucho antes, veintisiete años antes, cuando Aleph tenía 3 años o quizás un año después. Según tú fue después. Estuvimos juntos cuatro años, eramos una familia. Pero esa historia pasada, aunque resumida ya la conté.¿No es cierto?
Pero en cierto sentido este cuento comienza ahora. Cuando es ahora en este cuento ya no sé. Planos que se superponen. Ahora que leo de nuevo, ahora que todo ello es pasado. Ahora que todo eso es solo recuerdo.
Recuerdo que era agosto de 2022 cuando volaba en avión de Ciudad de México a Barcelona, y durante el embarque yo te mandaba fotos y videos de mi recorrido hacia ti. Pasé del 22 al 23 sin darme cuenta. Volaba en un avión pero hacia aproximadamente un mes que yo volaba
El amor que me había llevado a cruzar el océano para llegar a ti, ese amor, había renacido de una vida anterior en que lo habíamos visto morir. Había renacido ese 18 de julio en un camión de pasajeros en que me dirigía a Distrito Federal. Había renacido por chat.
Yo – “Estoy bien, triste, pero bien. No me siento mal con mi tristeza. He comenzado a salir de fiesta. La primera noche que salí una chica me acompañó en coche a casa y tuvimos sexo. Fue extraño estar con otro cuerpo que el de mi esposa. Además no tuve ningún orgasmo. No teníamos condones y decidí no correrme.”
Te conté un poco mis juergas. Pasaba los fines de semana bailando toda la noche a veces, otras solo hasta las dos. Mi tristeza seguía ahí, pero no me impedía conocer gente, beber y bailar, aunque me propuse evitar acabar teniendo sexo. La historia con esa chica me subió el ánimo pero me dijo también que tipo de relaciones no quería .
“No sabes lo que quieres” me dijiste. Yo te dije que no quería sexo sin amor. Hablamos un poco de ese tema. Luego me contaste un poco tu vida: que habías tenido una enfermedad y de como habías acabado viviendo sola con dos gatos.
Ya sabía de ello. Fue antes, años antes, cuando Edna aun vivía. Fue ese me pediste amistad por Facebook. No sabes como me alegré de que me buscases en la red. Me alegré mucho. Eras la única mujer de mi vida con la que no había podido mantener la amistad. Y teniendo en cuenta como fue nuestra ruptura, que tú me buscases me hizo sentir bien.
Me supo mal saber de tu enfermedad y de tu ruptura con tu pareja. Pero sí que tu soledad te fuese grata.
Sabía que tenias dos gatos, y que estabas bien. Pero no hablamos mucho más. A pesar de todo lo que habías pasado, estabas bien y eso me bastaba.
Pero en ese viaje en camión, o sea en Bus, me contaste más cosas. Me contaste que tu expareja era una mujer. Que desde que estuviste conmigo solo habías tenido parejas femeninas. Pero que no tuviste su apoyo durante tu enfermedad. Me dijiste que nunca más la volviste a ver, ni tampoco a los amigos que teníais en común. Pero que ahí había estado Aleph.
“¡Que bien educaste a nuestro niño!” – escribiste en el chat ese primer día.
Me quedé de piedra al leer: “nuestro niño”.
Yo: “Pero si solo lo eduqué cuatro años”
Habíamos estado viviendo como familia los tres desde que el niño tenía 3 años hasta los 7, según yo. Y desde los 4 a los 8 según tú. ¿o fue al revés? Me costaba aceptar otra vez una paternidad putativa que había tardado mucho en dejar atrás. Pero sí que podía aceptar lo que escribiste después.
Tú:”Pero fue una etapa fundamental en su vida”.
Yo, en un momento del chateo te mandé una foto de mi mismo.
Yo: Foto
Tú: “Estás muy guapo”.
Yo: “Hagamos una videoconferencia quiero ver como eres ahora mismo”.
Tú: “No puedo hablar normal desde que me operaron. Te va a costar entenderme.”
Yo: “Es solo para verte”
Cuando te vi por la cámara del celular, o sea del móvil, no puede salir de mi asombro ante tu mirada amorosa.
Tenias ambas manos cerradas delante de tu boca y me mirabas con amor.
Mi corazón dio un vuelco y se encendió. A la vez que toda una construcción mental se derrumbaba.
Cuando rompimos y por la forma que rompimos había formado la idea de que tu amor por mi se había perdido mucho antes de nuestra ruptura. Que en cierto modo a partir del segundo año o quizás el tercero, tu ya no me habías querido. Pensaba que tu deseo real estaba en otra parte, que tu deseo real estaba en las mujeres. Pensé que solo estabas conmigo por que te daba una casa en la que vivir con tu hijo, por que mi ayuda en la crianza era buena para él.
La forma como rompimos me hizo sentir que yo había sido una cárcel para tu espíritu y me habías dejado de amar.
En ese momento en que tenias tu propio hogar, libertad y ya no vivías con tu hijo, tu mirada de puro amor me arrebató el alma, y mi mente comenzó a reinterpretar mi pasado.
Yo: “Yo todavía te quiero ¿Tú me quieres todavía?”
Tú: “Sí, aun te quiero” Emoji de corazón.
Chateamos durante todo el viaje. No recuerdo mucho que seguimos diciendo, pero cada vez había más emoticonos en los mensaje. En todos había corazones.
Fue al entrar a Ciudad de México que empecé a mandarte fotos de lo que yo veía desde la ventanilla, de como el autobús llegaba a la terminal. Te mandé fotos de todo mi trayecto hasta mi destino. Y era como si me acompañases.
Tú:”Me estás haciendo muy feliz”
Yo : “Esto es lo más bonito que una mujer puede decirme”
Palabras mágicas y emoticonos- El recuerdo de nuestros buenos momentos y la visión persiste de tu reciente mirada de amor, me llevaron a este vuelo.
Palabras mágicas y emoticonos que están ahora en servidores siendo parte de la inmensa base de datos que analizan Inteligencias Artificiales. Inteligencias capaces de aprender patrones e imitar nuestros comportamientos.
Recuerdo en estos momentos el cuento que me contó Pa, e imagino la creación de un enorme ser gestándose desde nuestros rastros en Internet. Un ser que aprende de nuestras expresiones pero que no siente.
Flujo de electrones sin entrañas que sientan, un cerebro sin neurotransmisores que aprende a imitar nuestra existencia.
Evidentemente eso lo pienso ahora, durante ese vuelo solo pensaba en el momento de nuestro reencuentro. Evidentemente eso lo piense entonces cuando escribía este capitulo, no ahora que desde fuera del tiempo de este libro repaso los textos. Antes de que el libro muera en la versión final y tú puedas leerlo.
Tú que no eres yo, ni eres Eva, un día quizás sientas algo con estas palabras que escribo dirigiéndome a ella. Reviviendo ese sueño que una vez tuvimos y que abría de terminar poco después de hacerse realidad. ¿No es acaso la realidad eso que siempre pone fin a los sueños?
Juntos partimos de ese autobús y comenzamos un vuelo que debía llevarnos a un reencuentro. Un ascenso fruto de nuestras palabras mágicas y emoticonos. Durante ese vuelo compartimos paseos en que te enviaba como fotos y videos. Paseos por videoconferencia por el pueblo, por el bosque, te presenté a mis amigos, estuviste en mis fiestas, conociste a mi gato… Y tu me enviabas canciones.
Flujo de información que alimentó nuestros deseos humanos y nuestro sentimiento de amor.
Yo:”Eva nos estamos queriendo mucho. Pero recuerda como rompimos”
Tú:“Es algo que sucedió y no podemos simplemente olvidarlo”
Esa noche para mi y esa mañana para ella, nos contamos como vivimos cada uno ese pasado y lloramos juntos.
Ella había vivido el suceso como si yo la hubiese echado de casa.
Tú : “Cuando te vi detrás de tu madre sin hablar. Mientras tu madre me decía que me buscase donde ir y me fuera. Sentí que me habías dejado de querer y me sacabas de tu vida.”
Yo: “Pero tu sabes por qué fue, tu me acusaste de maltratador con ese homeópata que nos iba a equilibrar las energías”
Eva: “No pude haber dicho eso. Tú nunca me maltrataste”.
Oír esas palabras me alegró. Yo pensaba que ella habías sentido como agresiones mis intentos inútiles de calmarte cuando entrabas en crisis y te quedaba paralizada, temblando y con miedo en el rostro.
Las crisis podían desencadenarse en cualquier momento. Una de las cosas que podía hacerte entrar en crisis era ver las noticias. Los sonidos fuertes también. Las separaciones de tu hijo cuando se iba con su padre, también podían hacer que entrases en crisis.
Al principio mi presencia y apoyo te calmaban, pero poco a poco dejó de ser así. Mis dolores de estomago, mis crisis de ansiedad, momentos en que necesitaba sentir un “te quiero” que se te atravesaba en la garganta. Había crisis que surgían de nuestra relación en las que si yo alzaba la voz se quedaba paralizada. A partir de ese punto cuanto más te hablaba más miedo había en su mirada. No recuerdo como salia de ahí. Por que era cuando te dejaba sola que te recuperabas.
Yo había empezado a tener ansiedad, luego depresión y periódicamente tenía unos horribles dolores de estómago. Posteriormente descubrí que era por una bacteria, pero mi estrés incrementaba mi dolor.
– Me duele mucho. Por favor pon tus manos en mi vientre. – Te dije alguna vez. Y te quedabas paralizada.
Por favor, abrazame, lo estoy pasado mal – Y te quedabas paralizada.
Hiciste referencia a esas situaciones en el chat.
Eva: “Me sentía impotente cuando tenías esos dolores de estómago. Me paralizaba y no sabía como acercarme”
yo:”Estábamos muy mal por eso fuimos a ese homeópata. Para ver si nos equilibraba. Pero en lugar de eso nos separó”.
Tú: “Fue muy triste separarme de ti. Y verme viviendo en el garaje húmedo donde nos dejó vivir Alicia”.
Yo:”¿Imaginas como me sentí cuando salió el doctor y me dijo que me fuera por que yo era un agresor y un peligro para ti y para Aleph?”.
Tú:”Debió ser horrible. No sé lo que dije. Tuve una crisis durante la entrevista. Pero no pude acusarte de hacerme daño, eso no”.
Yo:”Seguro fue lo mejor. Estábamos haciéndonos daño y cada vez era peor”
Tú: “Pero ahora somos otros”
De pronto supe porqué amaba tanto a Eva.
Yo:”No nos separamos. Nos separaron”.
He resumido lo que hablamos esa noche, tal como lo recuerdo. Pero no te conté entonces todo lo que viví,quizás por que en ese momento no lo recordaba. No como lo recordé más tarde, estando ya en tu casa. Ese fatídico tercer día, el día en que el mundo nos alcanzó.
Yo nunca la había dejado de querer, simplemente cada vez me sentía más solo. A veces, ya al final, cuando tus enojos se manifestaban como silencios y me quedaba solo, miraba desde el sofá al balcón y pensaba en el suicidio.
No entendía si era merecedor de esa ira fría, me sentía solo. Incluso te pedía que me dejases si ya no me amabas.
Tu no estabas mejor, yo cada vez estaba peor y una amiga nos recomendó a ese doctor que trabajaba con homeopatía. Fuimos a que nos equilibraran las energías y nos separaron.
No te dije todo eso. Sé que después de esa catarsis de nuestra separación hablamos muchas más cosas. Nunca nos conectábamos por menos de cuatro horas, y apenas tratamos nuestra ruptura, concluimos que en realidad nunca rompimos realmente, nos vimos separados sin entender como sucedió.
En algún momento de esa noche para mi y de su mañana, nos conectamos por videoconferencia y ambos nos vimos llorar. Luego volvimos a hablar de nuestros sentimientos, pero aun no soñábamos que pudiese ser posible volvernos a encontrar.
Creo que estuvimos viendo que a pesar de todo eso que sucedió, aunque fue duro, nos permitió vivir cosas que juntos no hubiésemos podido vivir.
Una vez lloramos juntos recuerdo haberte dicho algo así. Haber concluido con el reconocimiento de que más allá de nuestro deseo de seguir juntos, y lo terrible que fue la ruptura, lo sucedido nos permitió tener experiencias que nos habían llevado a ser quienes somos.
Había sido lo correcto. Yo había conocido a Afrodita después de la ruptura, después de Afrodita a Nuria, quizás la relación más agradable, natural y tranquila que recuerdo. Y si esas dos relaciones hubiesen continuado no habría compartido quince años con Edna, con quién me llegué a casar y que estuvo a mi lado toda su vida.
Aunque ahora, en ese ahora en que llorábamos por el dolor que tuvimos que experimentar, ambos habíamos vuelto a estar solos tú habías podido vivir una relación con Luz, por ejemplo. Ambos recordábamos a Luz.
Luz era una amiga que me confesó que era gay. Así comenzó mi amistad con ella. Es curioso que después fuese tu compañera..
Ya he hablado de ella y de sus ojos morunos.
Gracias a la separación pudiste vivir una relación con ella, y con otras mujeres. Y ahora aunque sola decías ser feliz. Me contabas como te sentías siendo la dueña de tu tiempo y tu espacio, de tu soledad, en esa rutina agradable. Viviendo sola en ese piso que llamabas tu templo.
Yo había viajado por España con Nuria, nuestra relación fue un juego constante hasta que un día sin conflicto, simplemente terminó. Y después, en México, la relación con Edna había sido una relación intensa con alguien muy diferente a mi, no fue una relación fácil, pero fue la relación más profunda que había tenido en mi vida.
Con Edna el final fue con su muerte. Una muerte que me había devuelto a un precio muy caro mi libertad, una muerte que ahora me obligaba a descubrir una vida que tenia que ser pensada sin ella. Una vida que por meses sentí absurda. Y que ahora estaba llenando con fiesta, y borracheras entre gente nueva.
Esa nueva vida me gustaba, y a la vez me era insatisfactoria. Apenas llevaba un par de semanas saliendo de nuevo. Cada día lloraba su muerte y ahora el suelo se mezclaba con el amor.
Poder sentir ambas emociones, ambos sentimientos es una muestra de mi locura. Pero lo peor es que yo estaba enamorado de la mujer con quien más había sufrido. Era de locura que estuviese pasando eso. Pero ciertamente estaba sucediendo algo increíble. Y estaba dispuesto a enloquecer más.
“He rezado para que vuelvas a mi vida” Me dijiste en uno de nuestros largos chateos. Lo que no sabía es a quien le habías rezado. Otro día me dijiste que fue a Edna a quién se lo pediste mentalmente.
Yo seguía llorando al recordar a Edna y a la vez estaba enamorado profundamente de ti. Ambas relaciones tenían mucho en común. Ambas teníais semejanzas en vuestro carácter quizás después de todo sí había algo en el horóscopo. Eva nació un 13 de agosto, Edna un 15 del mismo mes.
Otra vez me encontraba con una rima, una rima extraña entre dos personas muy dispares entre sí, pero a la vez relacionadas incluso por el nombre. A parte de que la fonética de sus nombres era similar ambos nombres tenían una relación con ese lugar mítico llamado Edén. Eva era la mujer de Adán y Edna aseguraba que su nombre significaba: gozo del paraíso.
Ahora mientras lloraba a una, me sentía enamorado de la otra… seguiré fingiendo que te hablo a tí, Eva.
Mis amigos de El Cuenco en Valle de Bravo notaron mi cambió desde que llegué de la ciudad después de mi primera sesión de chat contigo en ese autobús.
– Se te ve feliz – Me decían. Y yo, Eva, contaba de nuestro reencuentro.
Yo seguía saliendo de fiesta con la idea de que encontrarme contigo era imposible. Era feliz de tener tu amor sin que ello impidiese que siguiese explorando mi nueva vida, también experimentaba tristeza, junto a la alegría de la fiesta y a ese sentimiento de amor que habías despertado en mi. Que sentimientos tan dispares convivieran en mi sin conflicto ambos me conectaban con la experiencia de estar vivo.
Pero mi permanencia en México se me hacía cada vez más absurda y la de llegar a ti cada vez más real.
Yo: “No tiene sentido que si te amo a ti este reconstruyendo mi vida en México sin ti. Quiero estar ahí contigo. Quiero poder tocarte”.
Tú:”Yo también quiero que estés aquí conmigo”
Yo: “Voy a organizarlo todo y voy”
Tú:”Si yo quiero vivir contigo”
Yo: “Pero vas a tener que convivir con el recuerdo de Edna”
Tú: “La primera vez que te escribí ya le había pedido permiso. Recé para que volvieras a mi vida”
Yo: “Esta vez no casamos ¿quieres?
Tú: “Sí, quiero ser tu mujer”
yo:”Yo también quiero ser tu mujer” – La broma me salió del alma. (emoji de carita riendo)
Mis amigos de Valle quedaban sorprendidos de la noticia de nuestro plan de casarnos. Ya te conocían por video conferencia, y les gustabas. Pero evidentemente que ya hiciéramos planes de casarnos les parecía una locura.
Creo que esa conversación la tuve con Alicia:
– Pero sabes que puede salir mal . – Me dijo Alicia, no la el cuento, sino la gerente de El Cuenco.
– Puede que en un mes o dos veamos que no encajamos, pero el sentimiento me guía. Si ignoro mi sentimiento me arrepentiré. Asumo que es una ilusión, pero la vida es una ilusión a fin de cuentas.
En menos de dos semanas estaba en ese avión. Había conseguido el dinero, había encontrado donde dejar a mi amigo gato: Chimi. No fue fácil dejar a mi amigo, pero encontré el lugar perfecto y a las personas perfectas: Brenda y su hijo que vivían en medio del bosque. Aun me mantienen al tanto de Chimi y sé qque es mejor que se haya quedado.
No fue fácil dejarlo. Ambos teníamos una relación muy especial.
Mi gato era salvaje. Acostumbrado a entrar y salir a su gusto. Perderse en el bosque y luego venir a pedir comida, cariño o simplemente acompañarme. Ese animal quizás me haya salvado la vida cuando me encontraba solo en una habitación sintiendo que jamás volvería a encontrar el amor.
Viajar como equipaje para quedar atrapado en una casa cerrada con dos gatas desconocidas sin poder salir del piso no era algo que fuese buena idea. Tú también pensabas que ambos podríamos venir, menos mal que al final vine solo.
Cada paso que daba lo hablamos por chat, entre palabras mágicas y emoticonos.
Al principio, justo antes de hacer firme la decisión de ir a verte comencé a hacer de abogado del diablo. Poner todas las pegas posibles.
Una de ellas fue el gato. Pero a pesar de que veíamos la dificultad que representaba tu estabas de acuerdo en recibirme con mi él. Fui yo quien resolvió eso, pues tú sentías que no podías separarme de él. Pero el gato era lo de menos, debía estar seguro de que querías realmente que llegara yo, y busqué que vieras como podía cambiar tu vida.
Yo: “Mi padre murió hace poco y en sus últimos años padeció de alzheimer. Sería horrible que yo hubiese heredado esa enfermedad y tuvieses que vivir lo que vivió mi madre con él”.
Tú: “Recuerda que mi trabajo era cuidar ancianos. Yo estoy a por todas, ven”.
Yo: “Envejeceremos juntos y ya somos mayores”.
Tú: “Cuidaremos el uno del otro”.
No había argumento que te asustase respecto a mi llegada.
Yo:”Soy muy desordenado. Voy a ensuciar seguro.”
Tú: “Yo limpiaré.”
Yo: “Vale procuraré no desordenar mucho y yo también limpiaré.”
Tú:”Estoy emocionada de que vayas a venir”.
Conseguir el dinero cobrando trabajos impagados y alguna donación de algún amigo, no fue fácil. Tú, Eva, me ofrecías dinero para el viaje, pero yo quería llegar por mis propios medios.
Aun ahora me sorprende recordar que en menos de dos semanas lograse estar en ese avión y llegar a Barcelona. Para después ir hasta el pueblo de Tarragona donde vivías.
Nos dijimos cosas preciosas. Durante esos chats. Inventé algunas expresiones nuevas como “temestimo” que traducido al español sería “temequiero” que significaría: Te quiero por que me quiero, por que siento que mi amor por ti es también amarme a mi mismo.
Te decía “El mundo no está a la altura de nuestro amor” que luego se transformó en “El mundo no puede alcanzarnos”
“Somos” era una expresión que usábamos con frecuencia y ambos creíamos en eso. Tu y yo eramos, y nos íbamos finalmente a encontrar.
Y por fin después de ir de Avándaro a ciudad de México realizar todo el proceso de embarque y muchas horas de vuelo, llegué al aeropuerto de Barcelona.
Así fue como llegué a ese ahora en que el vuelo que comenzó en ese autobús el 18 de julio terminó en mi aterrizaje en Barcelona el 23 de agosto.
Estaba desorientado desde que avión. La ciudad aun siendo mi ciudad de origen era completamente distinta casi 16 años después. Hasta la forma de hablar de la gente española me parecía extraña, yo era como un extranjero sin guiá. Cansado del viaje, de puro nervio llegue cargando el equipaje a un tren de alta velocidad me dejó en la estación de Tarragona Camp. Donde, decías, ibas a venir en un taxi a buscarme.
Este libro se empezó a escribir contigo, el título tiene que ver con tu nombre Eva. El cuento donde aparece Adán por primera vez mostraba el dolor de ver morir nuestra relación.
Ahora, en este momento en que reviso el texto. Todo se superpone. Los cuatro años de nuestra vida en común con Aleph riman con los cuatro días que estuvimos juntos a mi llegada.
Fue doloroso, te dije hace poco, pero no me hiciste un mal, me hiciste un bien. Me trajiste de regreso a donde estoy, a una vida nueva que ahora sabemos que no vamos a compartir.
Yo me preguntaba como iba a ser nuestro encuentro y si realmente envejeceríamos juntos o si uno o dos meses de convivencia nos harán ver que era mejor separarnos. No esperaba lo que pasó.
Mi teléfono mexicano no funcionó a partir de mi llegada. Cuando logré llamate gracias a que alguien me dejo usar su celular, no perdón ahí era un móvil. Y te llamé.
No puedo hablarte ahora como si te hablase a ti, Eva, de algún modo debo distanciarte de este momento en que te llamé y hablar con el lector.
La llamada desde la estación de Tarragona Camp tenia una energía diferente a toda nuestra comunicación anterior. Casi ni recuerdo como fue que sucedió, de hecho me parece imposible que se produjera. Es difícil para mi reproducir como era la comunicación real en la conversación. Eva hablaba en voz muy baja y algunas palabras costaban de entender. Pero yo había aprendido a entenderla.
O quizás no fue una llamada quizás le escribí por SMS. La verdad es que ahora no recuerdo. Imaginemos que realmente llamé, por que en mi memoria la conversación contiene el recuerdo de su tono de voz. Quizás imaginado.
– ¿Por qué no me has llamado hasta ahora? – Su tono de voz me puso la piel de gallina. Era un tono que invocaba los peores recuerdos de nuestra relación. Su voz era distinta pero su enojo me resultaba familiar.
– Mi compañía no funciona en España. Y estuve intentando ver como llegar a esta estación.
-Estaba muy preocupada me puse nerviosa. – Su tono aunque aun seco, era ahora más dulce.
Estaba preocupada por mí. Su preocupación le provocaba malestar y ese malestar enojo.
– Habías dicho que vendrías a buscarme en taxi. Donde quieres que espere. ¿Conoces la estación?
– No estoy de humor – Me dijo. En un tono que seguía evocando recuerdos que me inquietaban.
No insistí. Memoricé las instrucciones para llegar a su casa. Tomé un autobús, y logre encontrar su casa.
Ambos estábamos aterrizando cuando por fin llegué y ella bajó a recibirme. Fue un buen recibimiento, aunque no nos abrazamos. Aun faltaba subir dos pisos de escaleras y lo hice aprovechando la inercia y el nervio que me habían permitido llegar.
Una vez subí el equipaje y me acomodé, pudimos hablar. Yo me veía como en un sueño, ella estaba contenta pero confundida. Estábamos felices de reencontrarnos pero a la vez era extraño.
– En realidad estoy confundida de que estés aquí – Dijo ella.
– Pero si tu sabías que venía. Estuvimos en cierta manera juntos hasta que tomé el avión.
– Sí, pero al verte aquí me doy cuenta de que no te conozco. Una cosa es hablar por chat y otra tenerte aquí.
– Nos iremos conociendo.
– Además llegas como un caballo desbocado.
– He tenido que generar mucha energía para llegar. En realidad estoy agotado, he subido las maletas gracias a la adrenalina que he estado generando.
Hablamos de la situación. Acordamos que no hacía falta que durmiéramos juntos esa noche. Le dejé clara de mi intención de adaptarme a su forma de vida. Incluso, creo, dejé claro que si no funcionaba yo podía marchar.
Nos relajamos.
Acomodé mis cosas me duché descansé y esa noche dormimos juntos por que ella así lo quiso. Hicimos el amor por que ella tomó la iniciativa.
El día siguiente fue maravilloso. Pasemos hasta el supermercado, comimos, hicimos el amor, hablamos de lo que sentíamos, estábamos felices.
Eva tenía una rutina estricta y yo estaba un poco nervioso por estar de alguna forma alterando su mundo. Solo el verme en sus ojos como una presencia deseada daba sentido a estar ahí. Pero algo en mi estaba en guardia desde que ella, a mi llegada. Algo se inquietó en mi cunado dijo: Estoy confundida.
A cierta hora se despertaba, abría las ventanas, observaba una paloma a la que ponía comida en una maceta y luego de un rato esta bajaba desde el tejado de la casa de en frente y comía
El café de la mañana, una única comida al medio día. Y su sesión de televisión. Evidentemente no veía las noticias, ya te he contado como entraba en crisis ante los informativos. Lo que le gustaba ver eran películas. Primero en la tele de la sala, después desde su cama.
La rutina de Eva había estado acompañándola y protegiéndola por años. Era su templo y ahora yo el mendigo loco amenazaba ese orden protector.
Ese primer día hicimos eso mismo que ella hacía pero juntos. Por la tarde vimos películas desde la cama. Y por una de esas casualidades una de las películas que vimos fue la misma que fuimos a ver la primera vez que salimos hacía tiempo. Era una buena película pero también fue excusa para vernos y acabar en mi casa. Esa noche rimaba con esa otra, con la primera noche en que hicimos el amor. Ahora , es este ahora, hace ya casi 30 años.
Como si se completase un circulo completo, la vida rimaba. Y como sí este texto fuese un fractal, repito lo que no sé si dije antes, o ya he dicho después en este texto.
Edna y Eva eran nombres que rimaban, el gozo y la mujer del Edén, ambas nacidas en Agosto Eva el 13 y Edna el 15. El número que Pa había implantado en memoria era el 23, era también el día de mi llegada a casa de Eva.
La vida rima de un modo extraño con nuestros pensamientos, pensamientos que surgen desde el fondo de esa parte que no conocemos, ese abismo del subconsciente.
Palabras de poder y emoticonos me habían llevado a estar esa noche tercera sentado en el suelo junto a su cama. Yo estuve tocando primero sus pies, luego besándolos con los labios, primero uno, luego el otro. Lo que había hecho con las manos y con besos lo repetí, sin pensamientos, con la lengua.
En un momento la miré. Me miraba con cara de placer e hizo un gesto indicando que se le estaba cayendo la baba. Aunque no salia saliva por su boca. Era una metáfora o un símil, fácil de entender.
Cuando acariciaste mi oreja y comencé a suspirar, parecía que estuviese teniendo un orgasmo, y en cierta manera lo era, aunque fuese no genital.
– ¡Vaya! – dijo Eva – Ahora tengo superpoderes.
Y era cierto, yo me había entregado tanto a ti, que ni ansia por fumar tenía. Vivía ese sueño desbordado de emoción, sin barreras, sin protección.
Eva, ya tenía algo de molestias. Molestias en los ovarios. Las molestias que rimaban con los primeros indicios de la enfermedad de Edna. Pero ese pensamiento pasó como una brisa. La situación era otra. Tu estabas conmigo y no quería que mis temores anidaran, no quería hacer, decir o pensar nada que pudiera interrumpir el gozo. Todo pasa, pero es posible cultivar realidades y yo estaba dispuesto a cultivar una realidad gozosa a tu lado. Una realidad en que los dolores y molestias pudieran tener su sitio pero sin anidar.
¡Ay, Eva!
No hicimos el amor esa noche. Ya tenías molestia. Pero por la mañana estabas un poco mejor y me dijiste que me sintiera más en mi casa, que parecía un poco cohibido. Lo cierto es que tenía miedo, miedo de no encajar en tu espacio. No me habías dado llaves de la casa. Algunas actitudes corporales no eran de entrega por tu parte. No recuerdo me besaras en la boca. Lo entendía, me faltaban dientes. Estábamos en el preludio del final de este cuento. Lo intuía. Pero por unas horas todo siguió bien.
Más tarde, es mismo día, me dijiste que tenías cistitis y fui a comprar tu medicina. Me lo agradeciste. Tomamos una baso de cerveza y a tí te molestó que yo tomara tres.
Nos pusimos en la cama, y yo te dije que estaba ahí para lo que necesitaras, que yo estaba para cuidar de ti.
Cuando abrí los ojos ya habías caído, ya no estabas en el Edén.
Yo no supe lo que te pasaba. Me retiraste la palabra, fue hasta el día siguiente que me dijiste que pensamientos te habían hecho caer.
Esa noche estuve en la habitación contigua a la tuya. Llorando y hablando solo.
-No pude ser. Otra vez no. Soy idiota… cosas así me venían sin filtros a la boca. Mientras mi mente era invadida por todas aquellas vivencias que me habían hecho desear la muerte muchos años atrás.
Incomunicación, ver a la persona amada en una realidad distópica reflejándome como causa de su dolor, sentir que quiero recuperar el Edén y no poder hacerlo con ella. Incomunicación. Quizás el peor de los castigos.
Recuerdo que esa noche pensé en arrojarme por la ventana. Mi ego no soportaba la sensación de ridículo por mi propia vulnerabilidad. No soportaba la frustración de haberme atrevido a regresar a España llevado por una emoción y ver como se hacía añicos el sueño sin poder entender qué había hecho mal esta vez.
Te había dado superpoderes, había puesto mi corazón en tus manos y de pronto mi corazón estaba hecho añicos y estaba solo, castigado con la incomunicación. Aterrorizado sin saber que a la mañana siguiente iba a ser peor.
No podías gritar, tu voz era apagada. Sé que no gritabas, se que no querías dañarme, pero en cierta forma yo sentía tus palabras como gritos, y cada frase se clavaba en mi corazón como un dardo.
Yo era para ti alguien de quien defenderse, alguien insensible a tu dolor y su causante, un invasor de tu templo, un destructor de tu orden y algo de que deshacerse como basura.
Salí de tu casa viendo como me mirabas con la mirada fría de un reptil. ¿Eran esos los mismos ojos que me miraban con amor hace algunas horas? ¿Eras tú la misma persona?
– Que te vaya bien – Dijiste.
– No, me jodas, psicopata de mierda. – Te dije al salir.
Me disculpé días después de haberte insultado, pero así te sentí. Así sentía cuando me disponía a salir y no te importaba mi dolor.
Había procurado no hacerme entender, esta vez no grité para ser escuchado, esta vez simplemente marché destrozado sin saber quien eras. Sin saber como me había expuesto como un niño.
– Eres un niño. – Me habías dicho como insulto y ciertamente como niño había llegado a ti. Totalmente expuesto y como niño herido me fui llorando. No sé si tu lloraste. Cada uno estaba atrapado en su subjetividad.
Fue un año después de ese día que di la forma final a este libro. Partiendo del duelo por la muerte de Edna y el dolor de recordar ese día en que aterricé en Barcelona. Me volví a sentir ridículo, aunque había sido feliz ese año. Aunque me habías llevado a una situación mejor.
El 15 de ese año Edna hubiese cumplido 55 años y el 23 se cumplía un año de ese vuelo que terminó en tu casa, Eva. Y aunque solo puedo agradecerte el impulso que me llevó a este presente que ahora vivo. Fue el dolor de volver a perderte lo que me hizo ponerme a escribir.
Dos de los cuentos que he contado nacieron del dolor que sentí cuando se rompió mi relación con contigo, muchos años atrás. Este libro tiene que ver contigo, se empezó a escribir a tu lado, y se está escribiendo en cierta forma a tu lado también.
Cuando termine de escribir esto, después de esta revisión final, día 7 de abril del 2024, te enviaré esto. Tu ya sabes que lo estoy escribiendo, ya has leído otras partes donde hablo de ti.
Muchos presentes están representados en cada parte de este libro.
Han pasado casi dos años, año y medio en realidad, desde que me vi en una estación de tren llamando a Mónica y esperando que ella y un amigo vinieran a recogerme.
Desde ese día hubo dos más en que volví a verte y ya no eras la misma. Recuerdo que buscamos formulas para mantener la relación. Y al final aquí estamos como al principio de este cuento. Mandándonos mensajes de amor y emoticonos. Sabiendo que no podemos volver a estar juntos.
Quiero terminar aquí esta primera parte con este cuento 23. No quiero que tenga más de 23 capítulos cada parte, de este libro.
Edna hubiese cumplido 55 años, en 2023. 23 y 23 son dos cincos, quizás podría ser 55.
Sí, con este cuento 23 termino la primera parte de este libro.
En la segunda parte habré de comenzar de cero.
