ROSA DE LEÓN
[DANZARINA DEL CIELO]
Rosa de León,
Danzarina del cielo
Viajera del espacio
Voy a hablar de ti.
Hoy es dia 13 de abril del 2024, y estoy revisando este texto, verás así dos momentos de escritura en este texto.
El 23 de septiembre del año pasado terminé la estructura de este libro con este relato:
Puede que lo que te cuente lo creas o no, o que pueda parecerte una historia sórdida y absurda.
Todas mis resistencias y mis miedos están presentes en este momento. No sabría explicarte porqué.
Se llamaba Rosa, me diría que era de León. La encontré en la calle Llibreteria. En un Bar que se encuentra…
“Busco en Google Maps y no puedo creer lo que ahora mismo acabo de descubrir. Un 21 y un 23”
Encontré a Rosa cuando ella se encontraba frente al Bar Brusi, que ocupa los números 21 y 23 de la calle llibreteria, Barcelona.
Revisando esto que escribí recuerdo mi impresión cuando pasó esto. Jugando con el número 23 me obsesioné con ese número, y esa obsesión invadió mi realidad. Un libro que empecé un 23 de agosto se completó un 23 de septiembre. Una casualidad que yo mismo podía haber provocado de forma inconsciente. Pero encontrar un 23 en el pasado me llevó a ese temor del que ya te hablé en el prologo.
¿Cómo es posible haber provocado que este encuentro fuese en el número 23 de una calle años antes de que Pa me iniciase en el sentido mágico del número?
Pero volvamos a Rosa de León:
Como quien encuentra
una joya mágica en el fango,
un ser mágico en una pesadilla,
a así fue contigo, Rosa.
Voy a retroceder en el tiempo y hablarte ya de Vili. Por que es un personaje importante en este relato que te voy a relatar, este cuento extraño que a veces creo haber inventado y que justo ahora acaba de sorprenderme entrando sin premeditación a formar parte del libro.
Estoy como, te dije sorprendido de como este cuento encaja en este relato. Por que pensaba haber completado el libro y he visto que había pasado del capitulo 12 al 14 saltándome el 13.
Pensaba en serio que no iba a contar esto. Pero esta mañana pensé en hacerlo a pesar de no tener ya espacio. Los capítulos no los escribo tal como tu los lees. Por eso este es el que completa mi trabajo este dia 23 de septiembre.
He tenido todo el día una sensación de no querer continuar, de no querer escribir más. Algo me hacía sentir culpable, como si escribir este libro fuese romper un tabú. Exponerme demasiado, pero sobre todo no quería y a la vez quería escribir este capítulo.
Vivía yo en una casa ocupada que se componía de varias viviendas. En la parte delantera de donde yo dormía estaba la parte de Vili, Xavi Vilaró. Se podría decir que era la misma vivienda, pero eran espacios distintos unidos por una entrada sin puerta.
Arriba otro Javier, que era de Extremadura, y Manuel un gallego. No recuerdo de donde era Piti. Ella vivía en una parte lateral con sus hijos y sin marido.
En donde yo y Vili vivíamos había vivido alguien de quien, ahora, 41 años después de cuando encontré a Rosa de León, no recuerdo el nombre. Lo llamaré Ramón.
Ramón era solitario, no tuve mucho contacto con él. Yo visitaba la casa por mi amistad con Javier y Manuel cuando él vivía ahí. Pero recuerdo que tenía una pistola. Una vez le visité y salió con ella en la mano.
Un día desapareció sin más. Y fue cuando Vili ocupó el espacio de abajo. Un tiempo después en una discusión con mi padre, mi hermana me dijo:
– No sé porqué papá te trata siempre así.
Yo no era consciente de que me tratase tan mal, estaba acostumbrado.
Vili, que estaba presente, me confirmó que la bronca era injusta y me dijo:
– Ven a vivir a mi casa. La parte de detrás está vacía. No tienes por qué aguantar esto.
Así fue como me independicé de mi familia y por un año, justo antes de ir al servicio militar, y con 18 años fui a vivir con Vili a la Casa China, en La Floresta, a 30 minutos en tren de Barcelona.
Mis ingresos los obtenía vendiendo mi colección inmensa de cómics y libros de ciencia ficción los domingos en el Mercado de Sant Antoni. Por supuesto que de forma ilegal y con una manta, siempre vigilando que la policía no interviniese. También de algún otro trabajo ocasional.
No puedo contar ahora más detalles, ni lo haré luego, por que ocuparía todo el relato. Solo decir que era una vida muy nocturna, precaria, con buenos amigos, pero solitaria, desordenada y gris.
Ese es el fango. Mi profundo malestar. Un sentimiento depresivo impregnaba mi vida, y el desorden en mis horas de sueño era descomunal. Tanto podía madrugar como dormir de día justo cuando salia el Sol. O pasar días sin dormir. Pero mi vida era más nocturna que diurna.
Pero si mi vida era depresiva la depresión de Vili, creo, era peor. Yo no me sentía mal, solo al comparar ese periodo con mi vida posterior veo que sí que estaba mal. Pero Vili sí se daba cuenta de su malestar.
Continuamente me decía:
– Xavi, la vida no me satisface.
Y yo amaba a mi amigo. Me hacía sufrir escuchar eso y su interés en probar la heroína. Vili estaba obsesionado en ser yonki, casi era una vocación.
Vili era mi mejor amigo. No me unía a él ninguna relación homosexual, pero sentía que lo amaba. Aunque tuviese una mala costumbre.
Cada vez que yo le decía que una chica me gustaba, el se enrollaba con ella. Sin miramientos. Era como un vicio. Y yo, tímido y retraído, solo había estado con una chica una vez. Una unaica relación sexual con una chica, por casualidad y después fue Vili quien tuvo realmente una relación con ella. Estuvo con ella por una semana, y luego ya no la volvimos a ver.
La chica de la que estaba enamorado desde la infancia, acabó siendo su novia. Le dije que tenía interés en ella, y en lugar de aconsejarme o dejarme espacio, se me adelantó y se la ligó.
Pero lo amaba, era mi mejor amigo. Hablábamos por horas. Y de hecho muchas veces comía gracias a él que sí tenía un trabajo estable.
Yo gustaba de ir a Barcelona a pasear, y a veces incluso dormía en la calle. Vestía estilo Hippie Punk, rapado. Nunca mendigué, pero muchas veces parecía un mendigo.
Desde pequeño que tengo la manía de hablar con todo el mundo. Mi madre siempre me lo recuerda. Dice que encontraba a alguien y le decía:
-Hola señor (o señora). – Y a partir de ahí conversaba. Eso sucedía desde que comencé a hablar.
Yo paseaba por Barcelona y me ponía a hablar con alguien. Incluso con mi pinta, y siendo anarquista, veía a un policía miraba solo al ser humano y si se daba la ocasión, entablaba conversación. Yo creo que es una especie de tara, un defecto de fabrica, eso de ver a cualquiera como un amigo de toda la vida y hablar, hablar y hablar.
Un día había hecho un amigo circunstancial de esos, un chico algo mayor que yo.
Ese día paseando con él por la calle Llibreteria, me llamó la atención el trasero una chica, era Rosa. Inmediatamente ella se giró a mirar. Cómo si hubiese sentido mi mirada. Acto seguido se metió en el bar, no sé si por la entrada del 21 o por la del 23.
Creo que el 23.
Mi acompañante también la había visto y dijo de entrar en el bar.
Veamos, Rosa no es que fuera una chica muy guapa. Ni tenía un tipazo. No tengo más que una imagen difusa de ella en mi memoria. Solo recuerdo detalles como que tenía una verruga en la mejilla. Pero tanto mi acompañante como yo nos fijamos en ella. Quizás por eso de que era mujer y por como somos los hombres. O quizás por algo más. Quizás hayan conexiones en planos de la realidad que no percibimos, y ella emanase algo que tanto mi amigo como yo quisiéramos sentir. Quizás solo fuese deseo sexual, pero creo que el deseo sexual siempre tiene que ver con la magia y con ese plano de la realidad que vivimos en los sueños.
Nos sentamos a la mesa de al lado de la suya. Y ella sacó un tarot de Marsella y se puso a hacer una tirada. Cosa que mi acompañante aprovechó para establecer conversación.
Se sentó con nosotros y nos leyó el tarot.
Solo recuerdo dos cosas. Salió el diablo que según ella eran las pasiones, y que me dijo que haría un viaje.
Al salir del bar Brusi, mi acompañante y ella estaban tomados de la mano.
Ella tenía 24 años, yo 18. Y a pesar de que ya me gustaría ser ahora tan guapo como en aquel entonces, yo no me sentía así. No era nada extraño que las chicas que me atraían se fueran con otro en gran medida por que yo no me sentía deseable.
Fue entonces cuando la situación tomó un nuevo rumbo.
Nos dijo que que era gnostica y que venía de León. También que estaba embarazada de cuatro meses de un tipo que vivía en La Floresta y que vivía en la “casa china”. Que Rosa conociese la “casa china” y al que llamé antes Ramón, era mucha casualidad. Demasiada si lo pensaba bien, pero me pareció casi normal en ese momento.
Yo le informé que Ramón ya no vivía ahí y que no sabía donde estaba.
La casualidad de esa información hizo que quedáramos los tres para vernos al día siguiente frente al café Zurich. Igual alguien de la casa podía darle información del paradero del tal Ramón.
Ellos se fueron y al día siguiente por la mañana yo estaba esperando ahí. Más temprano de la hora acordada.
Ella llegó sola. Yo me sorprendí de que el acompañante no estuviese. Y ella hizo algo increíble para explicar el motivo.
– Él no sabía entender esto – me dijo.
Tomó mi mano y la tomó entrelazando sus dedos con los míos.
En un instante, el tiempo pareció desaparecer, y un estado de plenitud sustituyó los pensamientos en mi mente.
Nos quedamos así un buen rato. No sé si hablamos mucho o poco. Pero sé que pensé o dije. En todo caso deseé que mi amigo Vili pudiese sentir esa plenitud.
Cuidado con lo que deseas, dicen. Ya os hablé de la costumbre de Vili.
Veamos ese estado de plenitud gozosa. Porque es quizás, el motivo de que esté escribiendo esto. Cómo también el motivo de mis recelos a escribir esta historia.
Ese estado es simple, natural, perfecto, no es especialmente espiritual, es amor, no es un estado de conciencia alterado, no obedece a ningún intento de ser provocado. Ni se produce por meditar, ni por tomar plantas o substancias. Puedo decir muchas cosas. Pero no sirve de nada.
Yo lo había experimentado antes en una sesión de meditación de un grupo al que me llevó mi madre.
Estábamos todos con los ojos cerrados repitiendo mentalmente un mantra, y de pronto el mantra desapareció. Era como si se fundiese con la respiración. Mis ojos se abrieron y entendí que eso que me pasaba era real. Era de hecho “lo real” pero no era producto del esfuerzo por “meditar bien” y me puse a reir.
Era tal mi risa que no podía contenerla, interrumpí la sesión del grupo con mi risa molesta y dijeron que era una purificación. Eliminación de alguna tensión, y creo que no es del todo falso.
He experimentado eso muchas veces, sucede de modo inesperado, es inútil buscarlo o provocarlo con técnicas, aunque si es bueno practicar.
Te explico. Se puede imitar, e imitarlo puede preparar el cuerpo y la mente. Estudiarlo de los místicos es bueno, tener fe en Dios, en una deidad de meditación, o negar a Dios y asumirlo como “el verdadero ser”, todo es bueno. Ayuda a no despreciar el increíble hecho de que está ahí siempre. Es cierto que es un estado sin ego, pero no es que el ego tenga que estar ausente.
Reconocer que lo he experimentado me asusta. No quiero hacer creer que estoy ni un poco iluminado, o que hay claves para encontrarlo en este libro, ni mucho menos que yo pueda bendecir a nadie o transmitir una energía con mis manos para producirlo.
No debería estar escribiendo esto, pero creo que decirte que es tu “verdadera naturaleza” es algo está más allá de cualquier duda que es el motivo de que haya estado escribiendo, literalmente, literal mente, esto que tienes en las manos.
Sobre el sexo con Rosa solo puedo decir que muy bien todo lo de los besos y caricias, que su coño olía mal, que su culo era flácido y que yo fui breve. Muy, muy breve, precoz, para que nos entendamos.
Ese estado de gozo se mantuvo, con y sin pensamientos. Por casi tres días.
El sábado anterior a Domingo de Pascua, estábamos Rosa y yo paseando al lado de la Catedral de Barcelona, mi mente estaba prácticamente silenciosa. Solo me sentía percibir, pensar poco, casi nada. Era como si fuese a estar siempre así.
Sonaron las campanas y dije:
– Mañana es el día de la resurrección. – yo todavía me sentía cristiano. De hecho no puedo decir que no lo sea aun de algún modo. No es tema importante para mi. Pero es un hecho que debo mencionar para explicar cierta incomodidad por su respuesta serena y breve.
– Esta vez no resucita. – Dijo.
Sentí un escalofrío de incomodidad pero pasó.
La caía sería al día siguiente.
Estábamos ella, Vili y yo yendo a Rubí a casa de la madre de Vili. Y ellos comenzaron a acercarse y jugar más de lo que era de mi gusto. La iniciativa parecía venir de ella.
Por la noche, en una habitación donde dormiríamos los tres ellos comenzaron a tener sexo. Entré en ira a causa de mis celos. Tomé las llaves de Vili y me fui a emborrachar hecho una furia.
Era una furia diabólica, dolorosa, casi total. Me sentía como el propio Diablo, deseaba destruir el universo.
No exagero. Nunca más he sentido una ira de esa intensidad.
Creo que pasee enojado toda la noche. Aunque ya más calmado. Y por la mañana me encontré con ellos.
Fuimos a desayunar. Yo parecía el pitufo gruñón, y casi ni hablaba.
Al final les reproché lo que habían hecho y lo hablamos. Pero de todo lo que dijimos solo me quedó grabada la respuesta de Rosa:
– Podías haberte añadido a la fiesta.
No se me pasó el enojo. Esa noche me fui de viaje.
Cuando regresé unos quince días después ella no estaba.
Vili me contó que le había robado dinero y se había ido.
Una noche, poco después, estaba mirando el cielo. Pasó una estrella fugaz y quise formular un deseo. El problema era escoger cual.
Me preguntaba para que quería lo que quería pedir, y la respuesta era contestada por la misma pregunta: ¿Para qué quiero eso? Y siempre que encontraba respuesta lo mismo ¿Para qué quiero eso?
Al final comprendí que quería ser feliz sin más.
Regresé a casa y le dije a mi madre que quería tomar un intensivo con el grupo de su Maestro.
De algún modo esa experiencia estuvo ahí pero acompañada de lucha, tensión y sectarismo. La información sobre el camino espiritual shivaita, los cantos y la meditación me eran útiles. Me ayudaban a entender mucho sobre la naturaleza de ese estado natural de ser.
Tomé votos de celibato y otros de los cuales recuerdo que el de no tomar alcohol ni intoxicantes (drogas) fue el que más mantuve.
Era por tres años que tomé los compromisos que saqué de un libro de budismo que tenía.
No tome nada por años salvo algo de cava en las fiestas, no fumaba.
Conocí a un Lama Tibetano increíble y gracias a él y a otros esos maestros fui entendiendo más y más la importancia de que se manifieste esa experiencia de presencia y gozo. Más allá del sistema religioso o filosófico, más allá de técnicas o ejercicios. Sin despreciar por ello las oraciones, palabras sagradas o instrucciones religiosas, en el fondo de todo está, lo sé, ese gozo gratuíto del que algo nos acaba aislando.
Fueran budistas o hinduistas, o de cualquier otra tradición la validez de la enseñanza siempre tenía que ver con esa dimensión gozosa. Con ese estado natural del ser, en la que el camino y el esfuerzo cobran sentido. Esfuerzo y camino que parecen acabar ahí.
Pero fue especialmente con mis maestros tibetanos que recibí instrucciones sobre como fundamentar la conducta en la ética y el amor, a la que me invitaban a no tomarme en serio ni las normas éticas ni las practicas. El deseo de beneficio ajeno pero especialmente el gozo compartido apuntaba a ser una secreta. No tanto por que se quisiera ocultar, sino por que es difícil de entender sin la experiencia.
Una de esas instrucciones es esta simple actitud: Permanece atento y relajado.
Un día comente esta experiencia con Rosa de León con un Lama y me dijo:
– Conociste una Dakini, que afortunado.
Rosa muchas veces al ver algo que la sorprendía, no decía “ostras” o una expresión normal. Lo que decía es:
OM MANI PEDME HUM

