De un juego con el 23 a una grieta en la realidad
Todo comenzó como una broma y como un homenaje a una amiga, Pa.
En Contando 23 cuentos [Otro día te hablo de ella], La locura de Adán [Fractal infinito] interrumpe por un momento sus juegos filosóficos y narrativos para hacer algo deliberadamente tonto: promete contar veintitrés cuentos y los «cuenta» literalmente, uno detrás de otro, hasta llegar al último. Después reconoce la trampa: «Es una broma, lo siento. No quería que este libro te pareciera demasiado serio». Y entonces deja aislado en la página un número: 23
Análisis hecho por Dante Montfort.
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A partir de ahí la broma cambia de naturaleza. «Te voy a contar un poco sobre el 23», anuncia el narrador. Y enseguida aparece Pa: «El 23 me recuerda a Pa. Mi amiga Pa».
Pa había formado parte de una tribu de techno-nómadas. Ella misma cuenta más adelante que viajaban organizando fiestas y que tenían un número sagrado: «el número 23». Utilizaban incluso las salidas 23 de las autopistas y se dejaban orientar por aquella cifra. Pero Pa adquiere una importancia que supera ampliamente esa anécdota. Fue amiga del autor, murió años después en México y terminó entrando en el libro como parte de su memoria afectiva. El texto declara abiertamente el propósito: «quiero que una de sus historias quede escrita en este libro. Quiero que su número, el 23, esté presente en todo el libro».
El punto de partida es, por tanto, bastante sencillo: una broma, una amiga muerta y el deseo de dejar su número sembrado dentro de una obra.
Lo extraño es lo que sucede después.
Burroughs, Wilson y la leyenda del 23
Mucho antes de La locura de Adán, el 23 ya había recorrido un camino parecido entre anécdota, literatura y contracultura.
Robert Anton Wilson explicó que conoció el enigma a través del escritor William S. Burroughs. Según la historia que Wilson publicó en 1977, Burroughs conoció hacia 1960, en Tánger, a un capitán Clark que presumió de llevar veintitrés años navegando sin sufrir un accidente. Aquel mismo día su barco sufrió un accidente fatal. Esa noche, Burroughs escuchó por radio otra noticia: un avión se había estrellado en Florida; el piloto también se llamaba capitán Clark y se trataba del vuelo 23. (RAWilsonFans.org)
Burroughs empezó a coleccionar coincidencias relacionadas con el número. Wilson comenzó a hacer lo mismo a partir de 1965 y terminó incorporando muchas de ellas a Illuminatus!, la trilogía que escribió con Robert Shea. (RAWilsonFans.org)
Pero Wilson llevó el juego bastante más lejos. El interés del fenómeno estaba en la relación entre aquello que sucede y la estructura mental con la que lo observamos. En Cosmic Trigger insiste en que cualquier mapa utilizado para organizar nuestra experiencia constituye un modelo del mundo y no debe confundirse con el mundo mismo. Para Wilson, nuestras «realidades» son realidades percibidas en cuya construcción participamos como observadores. (Rawilson)
Desde esa perspectiva, buscar veintitrés constituye casi un experimento perceptivo. Una vez que el número adquiere importancia, comienza a aparecer. La pregunta queda abierta: ¿estamos descubriendo una estructura que ya estaba allí o estamos seleccionando, recordando y conectando determinados acontecimientos porque previamente hemos decidido que el 23 importa?
Wilson nunca necesitó resolver del todo esa ambigüedad. En una entrevista de 1988 bromeaba diciendo que el 23 debía significar algo porque encontraba continuamente coincidencias relacionadas con él, aunque todavía no había descubierto qué significaba. (RAWilsonFans.org)
Precisamente esa incertidumbre permite acercar su juego a lo que sucede en La locura de Adán.
Cuando el libro empieza a fabricar veintitrés
Después de introducir el número mediante Pa, Carrera comienza conscientemente a incorporarlo a la arquitectura de la obra.
El capítulo inicial promete que llegará «el cuento 23». Más adelante aparece Pa 23 [Y la entidad cibernética]. La primera parte comienza en el capítulo 0 y termina precisamente en 23. El cuento 23 [Amor, mantras y emoticonos]. La peculiaridad consiste en que una serie que va de 0 a 23 contiene en realidad veinticuatro capítulos. El propio texto había dejado preparada la paradoja: «No te voy a contar solo 23 cuentos».
El juego ya se ha convertido en estructura.
Y el autor sabe que está jugando. Algunos veintitrés pueden haber sido provocados conscientemente y otros inconscientemente. Eso todavía encajaría perfectamente en el mecanismo de Wilson: cuando una cifra adquiere importancia, la atención comienza a reorganizarse alrededor de ella.
Pero entonces aparece el capítulo 13 de la segunda parte.
Y el juego se vuelve bastante más incómodo.
El capítulo 13 que faltaba
Durante la construcción de la segunda parte, Carrera cree haber terminado la estructura del libro. Entonces descubre algo absurdo: ha pasado del capítulo 12 al 14.
Falta el capítulo 13.
Ese espacio accidental termina siendo ocupado por Rosa de León [Danzarina del cielo], una historia autobiográfica que inicialmente no pensaba contar. El propio narrador observa la rareza del proceso: «es como si inconscientemente hubiese reservado el espacio para hacerlo». Y ese capítulo termina de completar la estructura del libro precisamente el 23 de septiembre.
La coincidencia podría explicarse todavía desde el propio juego. El escritor lleva tiempo obsesionado con el número. Puede organizar inconscientemente fechas, decisiones y estructuras alrededor del 23. Él mismo contempla esa posibilidad.
De hecho, lo reconoce explícitamente: «Jugando con el número 23 me obsesioné con ese número, y esa obsesión invadió mi realidad». La estructura final había comenzado a tomar forma un 23 de agosto y se había completado un 23 de septiembre. El narrador admite que esa coincidencia podía haberla provocado él mismo de manera inconsciente.
Hasta ahí Wilson probablemente sonreiría.
Pero durante la escritura de ese capítulo ocurre algo diferente.
Carrera recuerda dónde encontró a Rosa décadas atrás: frente al Bar Brusi, en la calle Llibreteria de Barcelona. Mientras escribe, consulta Google Maps para localizar el lugar y descubre su numeración. El bar ocupa los números 21 y 23.
El hallazgo entra inmediatamente en el texto:
«Busco en Google Maps y no puedo creer lo que ahora mismo acabo de descubrir. Un 21 y un 23».
Aquí aparece la auténtica paradoja del capítulo 13.
El escritor puede haber construido una parte de los veintitrés del libro después de que Pa le enseñara a mirar ese número. Puede incluso haber organizado inconscientemente su trabajo para comenzar o terminar determinadas fases un día 23. Pero el encuentro con Rosa había ocurrido muchos años antes.
Antes de Pa.
Antes de que el 23 significara algo para él.
Por eso La locura de Adán formula una pregunta extraordinariamente cercana al problema planteado por Wilson:
«¿Cómo es posible haber provocado que este encuentro fuese en el número 23 de una calle años antes de que Pa me iniciase en el sentido mágico del número?»
El libro ha atrapado al escritor en su propio juego.
La teoría de Wilson dentro de La locura de Adán
Aquí aparecen dos explicaciones que el texto permite mantener simultáneamente.
La primera pertenece al funcionamiento de la percepción. Pa convierte el 23 en una cifra significativa. A partir de ese momento Carrera comienza a reconocerla, recordarla y utilizarla. La obsesión modifica su atención. Los veintitrés estaban mezclados con millones de otros números, pero ahora uno de ellos resalta.
Es exactamente el territorio de los modelos y «túneles de realidad» de Wilson: nuestra experiencia nunca llega desprovista de interpretación; seleccionamos, organizamos y damos significado a lo que encontramos. (Rawilson)
Pero La locura de Adán añade otra capa. El escritor también crea acontecimientos relacionados con el 23. Decide utilizarlo en el libro, coloca a Pa bajo el nombre Pa 23, organiza capítulos alrededor de él y posteriormente imagina sistemas llamados MATRIZ 23 o UROBÓROS23. El patrón percibido se transforma en patrón producido.
Ahí surge un bucle muy propio de Fractal infinito: primero la realidad proporciona material al libro y después el libro comienza a reorganizar la realidad de quien lo escribe.
El capítulo 13 lleva ese mecanismo hasta su límite porque introduce una coincidencia retrospectiva. El 23 descubierto en Llibreteria pertenece a un acontecimiento anterior a la construcción consciente del patrón. Puede explicarse diciendo que siempre estuvo allí y que únicamente adquirió significado décadas después. Pero precisamente eso reproduce el experimento de Burroughs y Wilson: el acontecimiento pasado permanece inmóvil; lo que cambia es la red de relaciones dentro de la cual se contempla.
Y La locura de Adán se resiste a decidir por el lector cuál de esas interpretaciones debe prevalecer.
Esa cautela resulta importante porque el propio libro llegará después a Shambala [Sin paranoia], donde las conexiones y coincidencias pueden ser contempladas sin necesidad de convertirlas en una teoría absoluta sobre una realidad secreta.
De Pa al 23 y del 23 otra vez a Pa
Hay todavía una última vuelta.
En el futuro ficticio de Omnia tibi dabo [El imperio nunca tuvo fin] aparece Jane Burroughs. El apellido introduce dentro de la novela el mismo nombre que se encuentra en el origen literario del enigma del 23. Jane vive además en una realidad organizada mediante sistemas llamados CORNUCOPIA 23, CENSOR 23, MATRIZ 23 y UROBÓROS23.
Y allí el círculo regresa a Pa.
David, el hijo de Jane Burroughs, está leyendo La locura de Adán dentro de La locura de Adán. Encuentra a Pa en aquel antiguo libro, investiga sus rastros y UROBÓROS23 permite reconstruir personas a partir de la información conservada sobre ellas.
El pequeño homenaje inicial ha recorrido entonces todo el libro.
Pa entrega el 23 al narrador. El narrador introduce a Pa y su número en la obra. El número empieza como broma, se convierte en estructura, produce coincidencias y termina dando nombre a tecnologías de un futuro ficticio. En ese futuro aparece una Burroughs, un lector vuelve a encontrar el viejo libro y, mediante UROBÓROS23, Pa puede regresar.
Quizá ahí esté la diferencia esencial entre el fenómeno 23 de Wilson y el 23 de La locura de Adán. Wilson convierte las coincidencias en un experimento sobre la percepción de la realidad. Carrera introduce ese experimento dentro del proceso mismo de escribir una novela autobiográfica.
Y entonces sucede lo que el propio libro parecía estar buscando: resulta difícil establecer dónde acaba la coincidencia encontrada y dónde comienza la coincidencia construida.
Todo había empezado con algo mucho más pequeño.
Una broma.
Y el deseo de que el número de una amiga muerta permaneciera vivo dentro de un libro.
23.
Archivos utilizados: LA LOCURA DE ADAN con indice.docx, evolucion de la lectura.odt y resumenes capitulos con hilos.odt. Fuentes externas consultadas: The 23 Phenomenon de Robert Anton Wilson y materiales del sitio oficial de Robert Anton Wilson sobre Cosmic Trigger y su concepción de los modelos y «reality-tunnels». (RAWilsonFans.org)
