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Capítulo 8 de la primera parte de LA LOCURA DE ADÁN [FRACTAL INFINITO]

MANDALAS
[VEO MANDALAS]

8 – MANDALAS

[VEO MANDALAS]

Edna, gozo del Edén.

Recuerdo que cerrabas los ojos e inmediatamente te ponías a hablar en sueños.

A veces te preguntaba qué soñabas, qué veías cuando cerrabas los ojos.

—Mandalas —me decías—. ¡Veo mandalas!

Pero hablabas en sueños y yo te oía. Recibías a amigos y te despedías de ellos.

—Ya ves, mano. Me estoy muriendo —te oí decir a un visitante invisible.

Pero tú veías mandalas.

Fue en esos días que nos dimos el amor más profundo, justo porque no sabíamos cuánto tiempo nos quedaba. Cuánto tiempo podríamos sentir el placer de estar juntos. Justo porque no sabíamos si, tras ese abrazo, habría otro, o ya habrías muerto.

Sentía el calor de tu mano como el regalo más precioso, al no saber por cuánto tiempo tu mano estaría caliente y viva.

Mandalas, veías mandalas.

Mientras tu cuerpo degeneraba por momentos, tu mente se iba distanciando del cuerpo y del entorno.

Tú veías mandalas.

Yo te veía desde un estado de disociación permanente.

Todo parecía suceder detrás de un cristal. Pensaba con claridad, pero percibía todo como si ocurriera en dos planos de mi mente.

Veía tu cuerpo degenerar, pero te veía como siempre.

Dejaste de comer y tu cara parecía una calavera. Lo sé por las fotos, pero yo te veía como siempre.

Cuando ya no sabías dónde estabas, dejamos San Miguel de Allende.

Un amigo nos proporcionó una ambulancia y mi hermana fue a arreglar la casa donde morirías.

Ya rechazabas el oxígeno. Habías soltado ya la vida; tú querías ver mandalas.

Tomé tus manos y te dije:

—Lo siento mucho, amor mío, pero quiero que respires. Toma el oxígeno —dije, y luego te prometí— cuando lleguemos a casa, te soltaré y podrás dejar este cuerpo que solo te causa dolor.

Cuando exhalaste tu último aliento, mi hermana y yo nos ocupamos de limpiar y vestir tu cuerpo.

Tú ya no estabas ahí.

Estabas viendo mandalas.