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Capítulo 9 de la primera parte de LA LOCURA DE ADÁN [FRACTAL INFINITO]

SALE EL SOL, ILUMINANDO LA TIERRA A SU PASO.
[HOY CREO EN DIÓS PORQUE ES DOMINGO]

9 – SALE EL SOL, ILUMINANDO LA TIERRA A SU PASO

.[HOY CREO EN DIOS, PORQUE ES DOMINGO]

Sale el sol, bañando de dorada intensidad la tierra pura.

¿Cómo puedo saber qué han producido, en tu imaginación, estas palabras? ¿Has visto jamás un sol bañar con dorada intensidad la tierra pura?

Yo deseo esa tierra pura, esa luz inmaculada que aparta la oscuridad sin combatirla, ese amanecer.

Imagina un amanecer. Es domingo.

—Los domingos creo en Dios —piensa Adán— porque no se trabaja y la gente se pasea por la calle. El sol es más brillante en domingo, es fiesta. Dios descansa y nos da el día para nosotros. Dios acabó la creación en domingo, y dijo que fuera fiesta. Que la gente gozara de todo, y se amase… Si Dios es perfecto y perfecta es la creación, hoy es domingo, o sea, es fiesta. No es domingo cuando la gente no goza y el amor suena más a dolor que a fiesta. A veces no es domingo, lo sé, no es el caso de hoy.

No sé si te gusta que Adán crea en Dios, ni que sea domingo.

Son metáforas de la mente de Adán, no es realmente domingo. Adán se sentía en paz con la existencia, por eso creía en Dios. Por eso dice que es domingo y la creación ya es perfecta.

Adán no ha cometido el error fundamental: el juicio de valor impuesto a la existencia tal cual es. Juzgar como bueno o malo lo que simplemente ocurre.

Una noche tragó a Adán y caminó a través de ella. Una negra noche, sin luna ni estrellas. Vestía de negro, y su pensamiento era oscuro. Todo cuanto podía ver era una oscuridad eterna, en la que hasta la luz muere.

—Soy —pensó— como una enorme ave que incuba su ocaso pintado de esperanza.

Ocaso en forma de un huevo negro, pintado de blanco. Como una agonía sin esperanza, disfrazada de cumpleaños. Como una ilusión que se disfraza de realidad.

Hoy. Ahora. Aquí. Estoy contemplando el sol iluminar una tierra pura, fresca y viva.

El huevo negro se ha abierto, y en lugar de un monstruo ha nacido un nuevo sol.

La falsa felicidad ocultaba el dolor, disfrazaba de blanca pureza el negro dolor de la vida.

Ahora, aquí estoy, feliz, junto a un lago de montaña.

No, hoy no visto de negro; estoy desnudo, bajo un árbol.

Nace un nuevo sol.

Amanece y una dorada intensidad baña la tierra entera.

Ahora. Tan solo ahora. En esta sucesión de momentos que se pierden, una dorada intensidad baña la tierra entera, revelando colores ocultos, creando mil universos en mi mente.

La realidad entera está reflejándose en esta pequeña gota de rocío que está a punto de…

¡Oh!

Ya cayó.

Como la última lágrima, la que da un final al llanto.

¿Has sabido ver alguna vez el instante en que ha terminado un llanto?
¿Has oído alguna vez, atento, caer esa última lágrima?

¿Verdad que en ese momento dan ganas de reír?

Termina la pena, y la última lágrima aún no ha tocado el suelo. Ese suelo fértil donde se produce la creación instante a instante.

Realmente, la tierra es verdadera, su aroma es nuevo, es nuevo este amanecer, y yo mismo soy nuevo. Desnudo estoy, junto a un lago de montaña.

Me acerco a la orilla del lago, feliz de ser quien soy, feliz de no saber quién soy. Feliz de que mi desconocimiento me permita ver el mundo, como un mundo siempre vivo y siempre nuevo.

Quiero purificar ahora mi cuerpo, sumergirlo en esas aguas del lago. Ahora entro en las aguas, me sumerjo, dejo de respirar unos momentos. Me envuelven los sonidos del agua, murmullo que recuerda al silencio.

Mi corazón late, como en el vientre materno.

Asciendo a la superficie y tomo, feliz, nuevo aliento.

Me visto de nuevo. Mis pantalones negros, camisa negra y chaleco de terciopelo negro.

Con mi cuerpo fresco y limpio, y mi mente feliz… dejo caer una lágrima.