HOLA MUNDO HELOW WORLD VIDEO GENESIS

Capítulo 5 de la primera parte de LA LOCURA DE ADÁN [FRACTAL INFINITO]

LA VERDAD ESTÁ EN EL CÓDIGO
[HOLA MUNDO]

Parece que haya alguien cuando pienso en un nombre.

Por ejemplo “Adán”.

Solo con hablar de Adán, de alguna manera comienza a existir ese personaje en tu imaginación.

Estoy escribiendo este libro ante tu mirada. Escribo una ficción. Todo lo escrito es ficción, aunque narre a veces cosas basadas en hechos reales, la descripción de los hechos es ficción.

Escribí este libro cuando era mi mirada la que contemplaba este libro escribirse. Ahora la ficción que escribí se ejecuta en tu mente. Y es tu mirada la que contempla y da vida a este personaje.

Estoy creando a Adán.

Adán es un adolescente. Otra instrucción que se ejecuta en tu mente y así sin darnos cuenta del nombre se va creando el personaje.

Adán escribe en su editor de texto un código en un lenguaje de programación:

<?php

echo: “Hola mundo.”;

?>

Cuando ejecute este código en un servidor virtual. En la pantalla de la máquina aparecerá una frase:

Hola mundo.”

Adán es un adolescente que quiere ser escritor, pero que está estudiando programación.

– Has de hacer algo para ganarte la vida. Dijo su padre.

No sin cierto fastidio, Adán, hace poco. comenzó a estudiar programación web. Y ahora está realizando su primer ejercicio.

Un ejercicio muy simple, que en todos los cursos de programación acostumbra ha realizarse en la primera lección.

El ejercicio consiste en escribir una instrucción en el lenguaje que estás estudiando. Una instrucción que cuando se ejecuta el programa escribe en la pantalla:

Hola Mundo.” o a veces “Hello world”.

Más adelante se aprende a decir a la máquina que haga otras cosas. Dependiendo de las instrucciones escritas, la máquina hará aquello que previamente hayas escrito en el código.

Un programa es una serie de instrucciones que se ejecutarán dependiendo, a veces, de lo que el usuario haga, y otras veces se ejecutará sin dar opción al usuario.

El programa creará en poco tiempo la interfaz con la que el usuario va a interactuar con la máquina. La máquina dibujará el fondo, los botones y todo lo necesario para que el usuario dé nuevas instrucciones al código y realice lo que sea que deba hacer el programa.

Si el programa es de dibujo, le permitirá dibujar, si es de escritura, escribirá.

Adán está usando un editor de texto plano. Un programa que se usa para escribir código de programación.

Está sentado frente al ordenador y acaba de escribir esa línea de código. Pero se distrae mirando por la ventana.

Hay un mundo más allá de la máquina.

En ese mundo hay una ventana, tras la ventana un cielo azul sin nubes y unas palomas volando.

Las palomas pasan y solo queda el cielo azul sobre la ciudad de Barcelona.

– ¡Hola mundo! Dice.

Y después se levanta de su asiento, sale de su habitación y va a la cocina.

Su madre está preparando la cena.

– ¡Hola, mamá! – le dice.

– ¡Hola, Adán! – responde su madre. – Tu padre quiere hablar contigo sobre eso, de quedarte en la ciudad cuando nos vayamos de vacaciones con tus hermanos.

Adán abre la nevera y toma un refresco.

A su madre no le hubiese gustado que tomase una de las cervezas reservadas a los adultos.

Bebe el refresco y deja el vaso en el lavavajillas. El lavavajillas también tiene un código con el que ejecutará el programa de lavado que su madre escoja.

– Voy a hablar con papá. – dice y sale de la cocina.

Mientras se dirige a la oficina de su padre, piensa si todo eso que está sucediendo es la ejecución de un código.

Si está mamá no tomes cerveza, si está papá puedes tomarte una. A él le va a gustar.”

if y “else”

Podría actuar de otra manera, pero sabe que se crearían molestias. Y Adán no quiere molestias, no quiere sentir la mirada reprobadora de su madre, ni verla preocupada.

En cambio, cuando bebe una cerveza, y solo una, su padre lo mira con aprobación.

Es lo mismo que sucede con el tema de dejarlo solo en la ciudad. Sabe que su padre quiere aprobar esa decisión. Para su padre que Adán haga cosas de adulto es bueno. Para su madre es motivo de preocupación

Hay un código oculto en ello. Algo que puede estar grabado en la mente de sus padres por la cultura, o que quizás provenga de millones de años de evolución. O probablemente por una mezcla de ambas cosa.

Hay un código que parece gestionar algo que el muchacho interpreta como placer.

El placer de ser aprobado o por lo menos de no ser reprobado.

No quiere seguir meditando sobre ese tema. Le causa cierto vértigo ponerse frente a esa cuestión.

El código está por todas partes.

Él quiere ser escritor, y escribir historias y poemas. Pero su padre no cree que ser escritor sea una manera de ganarse la vida.

– Ganarse la vida. – dice en tono irónico, pensando en voz alta. Y piensa, esta vez sin hablar:

– Yo ya estoy vivo. La vida no me la tengo que ganar. Pero sí, tengo que ganar dinero. Dinero. ¿Qué es el dinero? Es una convención. Una forma de intercambiar poder de adquisición. Números en el ordenador de los bancos que gestionan el rango social.

Sin darse cuenta ha llegado a la puerta de la oficina de su padre.

– ¿Quién ha escrito este código? ¿Acaso Dios?

Dios padre.

Al principio fue el logos…

Al principio Dios creo los cielos y la tierra…

¿Son esas las palabras exactas de la Biblia?

El libro.

¿No será que vivo en un libro?

¿Creo realmente en Dios?

¿No será creer una forma de crear?

Debe abrir la puerta y ponerse frente al padre. Y recibir, o no, la aprobación de su voluntad de quedarse solo en la ciudad.

Solo, sin padre ni madre. Sin hermanos fastidiando.

Adán acaba de abrir la puerta

– Hola papá – dice.

– Pasa, hijo – contesta la voz del padre – Tenemos que hablar de eso, de que te dejemos solo.

– ¿Ya lo habéis decidido?

– Tu madre y yo ya lo hemos hablado. Pero yo aún no he tomado la decisión.

Adán no dice nada. Su padre guarda silencio.

El código continúa ejecutándose. Han estado hablando, pero la decisión final la ha de tomar el padre.

Parecer ser que para que el padre apruebe su voluntad, la voluntad de Adán, ha de darse una condición.

– No me ha quedado claro por qué quieres quedarte solo.

– Quiero hacer mis cosas y estudiar.

– Umm – dice su padre como si la respuesta fuese poco convincente.

Adán se mantiene en silencio.

Su padre está de pie frente a la ventana, a contraluz. No puede ver sus expresiones.

– Mira Adán. Creo que sé lo que quieres realmente. – Continúa diciendo su padre.

– ¿Sí?

– Creo que sí.

– Pues dime.

– Quieres escapar de nuestra vigilancia y vete a saber qué hacer.

Adán asiente con la cabeza y espera que su padre continué su locución.

– ¿Vas a pasarte el día escribiendo cuentos y programando?

Adán sabe que responder afirmativamente a eso sería desastroso.

Además, es cierto, no es ese el motivo. Adán quiere atreverse a ligar con alguna chica y llevarla a casa para tener sexo. Y de alguna manera sabe que eso es lo que quiere oír su padre.

– En realidad quiero ver de salir de fiesta y ligar.

– No quiero que organices fiestas en casa.

– Entiendo.

– Pero si te traes a una chica, llévala a tu habitación, no quiero que folles en mi cama.

– Entiendo. – Dice Adán – ¿Eso es todo? ¿Me dejarás quedarme en la ciudad?

– Aún no lo he decidido.

Adán prefiere no decir nada. Quisiera saber qué ha de decir para lograr que su padre le dé su bendición. Saber la respuesta correcta que dé, como resultado, que se haga su voluntad. Que la voluntad del padre apruebe la suya.

Su padre se mueve hacia el escritorio y deja que el cielo luminoso se muestre en la ventana sin obstrucciones.

Demasiada claridad ciega y ahora hay demasiada claridad.

Retira la mirada de la ventana y se dirige a la silla que hay frente al escritorio.

– Toma esto – dice su padre mientras le da una caja de preservativos que saca del cajón – espero que tengas suerte y los tenga que usar.

Adán toma los condones, pero no dice nada.

– Supongo que quieres ligar con chicas. ¿Te gustan las chicas o los chicos?

– Me gustan las chicas desde que recuerdo – Contestó Adán, luego aclaró – No soy gay, papá.

– Me alivia saber eso, hijo. No es que no te fuese a seguir queriendo si fueras marica. Pero prefiero que seas normal.

Adán miraba con atención a su padre. Lo que estaba sucediendo era nuevo para él. Su padre había dicho que le quería. No directamente, pero sí.

Noes que no te fuese a seguir queriendo”.

– Mira hijo, vivimos en sociedad y en gran medida eso nos limita. No quisiera que tuvieses que esconder tus afectos y tus pasiones para funcionar socialmente.

El muchacho no salía de su sorpresa al escuchar a su padre hablar así.

Vivimos en sociedad y en gran medida eso nos limita.”

¿Qué límites sentía su padre? ¿Cómo eso que llamamos sociedad oprimía a su padre? ¿Sería su padre homosexual en secreto? ¿Tendría amantes su padre? ¿Qué afectos y pasiones tenía ese hombre al que llamaba papá? ¿A qué había renunciado o qué acciones escondía para ser normal?

Su padre era ateo, no creía que un Dios vigilase sus acciones en el mundo, pero en cierta manera al escucharle entendió que la sociedad era también un Dios, juez y policía, que le vigilaba.

– Toma, te dejo esta tarjeta de crédito. No te pongo ningún límite, pero úsala con prudencia. No somos ricos. Nos va bien y hay dinero suficiente en la cuenta como para que vayas a sitios caros si quieres. Hay padres que pagan putas a sus hijos para hacerlos hombres y cosas así. – hizo una pausa y añadió – Esta tarjeta es mi manera de hacerte adulto.

– ¿Gracias, papa?

– Podría darte efectivo, pero prefiero que tengas acceso a nuestra cuenta y no tengas límites.

– También quieres ver en qué y dónde he gastado el dinero. ¿Verdad?

Su padre sonrió. Había cierto orgullo en su mirada. La suspicacia de su hijo le había sorprendido en modo grato.

Adán era un chico con una conducta retraída, casi un ermitaño. Demasiado influido por la religiosidad de su madre. Con demasiados libros de místicos y filósofos. Sobre todo orientales.

No salía mucho con los amigos. De hecho, tenía pocos amigos.

Y esa manía de ser escritor, – pensó el padre.- Vaya pérdida de tiempo”

– Lo que sí te pido es que sigas estudiando eso de la programación. – Continuó diciendo el padre.

– Sí, no te preocupes. Estoy estudiando.

– Pero por tu cuenta. Deberías ir a alguna academia después del verano. Necesitarás un título para buscar trabajo.

– Claro, papá, ya contaba con ello. Pero me estoy preparando. ¿recuerdas que ya lo hablamos cuando te dije que quería dejar el BUP?

[BUP: Bachillerato Unificado Polivalente.]

– Sí, es cierto. Lo hablamos.

– Tengo que seguir estudiando.

– Anda vete. Nos vemos en el desayuno.

– Buenas noches, papá.

– Buenas noches. – dijo su padre y añadió – Queda claro que no vas a tomar drogas.

– Claro, papá, ya hemos hablado de eso.

– Vamos, vete, que tengo cosas que hacer.

Adán se dirigió a su habitación. Pero al llegar a ella no se acercó al ordenador. Tomó una libreta y un bolígrafo y escribió un pequeño relato ambientado en la India antigua. Se titularía LA TORRE DE BRAHMA.

Cuando acabó habían pasado tres horas y tenía sueño. Miró la computadora y pensó:

– Voy a ejecutar esa mierda de código y me voy a dormir.

Abrió el servidor virtual y llamo al archivo “hola.php”.

Inmediatamente en la pantalla apareció la frase:

Hola mundo.”

Mientras se disponía a dormir estuvo reflexionando:

Las normas sociales son como un código. Pero debajo de ese código parece haber otro código universal. Quizás sean las matemáticas. O la lógica.

Quizás la verdad que llaman Dios sea ese sistema lógico. Quizás la verdad sea el código. Y el mundo sea la interfase con la que nos comunicamos con Dios.

También nosotros tenemos programada la mente, y nuestro subconsciente también parece ejecutar instrucciones ocultas para crear los sueños. Para dar voz a algo profundo que late en nuestros cuerpos. ¿Instinto de reproducción?