ÁNGEL PAZ
[Loado Sea Dios]
Ángel Paz era un amigo. No un gran amigo pero sí un amigo. Podría decir que solo era mi casero, pero de alguna manera la convivencia en la misma casa nos llevó a tener una relación amistosa.
La relación Ángel Paz era una amistad peligrosa. Murió hace unos meses en la sección de psiquiatría de Can Brians. Su muerte salió en los periódicos.
Yo pude escribir este libro gracias a vivir en su casa. Y a causa de escribir este libro nuestra relación pasó de ser distante a casi demasiado cercana. No te preocupes por que voy a contarte todo esto desde el principio.
Ángel Paz era compañero de escuela de mi hermano Jaume. La amistad entre ellos partió del acoso escolar. Ángel Paz era un acosador en la escuela y mi hermano fue una de sus victimas. Ángel le pegaba con frecuencia y mi hermano dice que se entrenó para pelear con él y vencerlo. Cuando logró hacerlo se hicieron amigos.
Yo entré a vivir en casa de Ángel Paz por medio de mi hermano, unos meses después de llegar de México. Necesitaba un espacio propio y poder empadronarme en La Floresta.
Cuando hice eso ya contaba con bastantes amigos en el pueblo. Mis amigos actuales la mayoría son relaciones recientes. Después de 16 años en México y más de 40 viviendo en otras poblaciones tuve que empezar de cero. Crear nuevas relaciones con gente que me era desconocida, en un pueblo que, si bien me vio nacer, había cambiado tanto que parecía más una realidad alternativa que el pueblo que yo conocí.
Fueron esas amistades y conocidos los que me fueron informando de donde me había metido.
Unos meses antes de que yo alquilara la habitación Ángel Paz había sido ingresado en un hospital psiquiátrico. Eso fue después de protagonizar varios altercados en el pueblo. Altercados que iban desde untar de caca la pared de un bar, a perseguir a alguien con un hacha en la mano. Además todos los que habían vivido en su casa habían sido expulsados de forma violenta.
Todos los que lo conocían me decían que me fuera de esa casa. Pero para mi asumir el riesgo no era un problema, solo debía ir con cuidado y estar preparado para lo peor. Relacionarme con la situación con atención y ver como aprovecharla.
Ángel Paz pasaba el día en el sofá viendo la tele. No solo había pasado por el hospital psiquiátrico, también había sufrido una operación en la cadera. Estaba medicado y débil, y se comportaba correctamente. Más o menos correctamente. Tuve que guardar la comida en mi habitación por que se la comía y evitar usar la cocina. Cuando detectaba un área de posible conflicto me retiraba, de hecho evitaba hacer vida en la casa y como ese periodo abarcó primavera y verano mi vida se desarrollaba en la calle y frecuentaba fiestas que se celebraban por los alrededores de La floresta. La mayoría en casa ocupadas donde imperaba un ambiente de libertad y buenas relaciones. Lugares donde se podía fumar y donde nadie escondía su consumo de substancias prohibidas. Donde no había actitudes racistas, y la gente manifestaba su orientación sexual o identidad de genero.
Pero todo cambió a mediados de agosto. El día en que mi esposa Edna hubiese cumplido 55 años, si estuviese viv escribí un pequeño texto poético que ahora forma parte de este libro: Escribiendo a mi escritora.
Ese día lloré su ausencia.
Unos días después escribí “La joya del cementerio” y vi que de alguna manera ese texto estaba conectado con el primer libro que escribí junto a Eva: El sueño del samsara.
Cuando se cumplió un año de mi llegada a España me puse a escribir, y a trabajar con los archivos en que tenía guardado 30 años de trabajo. Fue como entrar en un estado alterado de conciencia, pero sin drogas. En ese periodo mis únicas drogas eran la cafeína y el tabaco.
Escribir implicaba permanecer en la casa y eso hizo que mis interacciones con Ángel fueran más frecuentes y nos comunicásemos más. Uno de los temas favoritos de Ángel eran las drogas. Y sus series favoritas eran las películas de narcos. Además Ángel consumía cocaína.
En varias ocasiones le dije que yo me mantenía lejos de la cocaína y el speed. Que no me aportaban nada. También que la coca me parecía un vicio caro. Yo era consciente de que Ángel tenía un problema serio con esa substancia, especialmente era un problema para su economía. Y no sé si eso que dije influyó en que Ángel tomase una decisión increíble: Dejó de consumir coca.
– Me he dado cuenta de que ya no me gusta la cocaína y desde que no consumo tengo dinero. – Me dijo un día.
Y era verdad lo hizo. El problema es que seguramente también dejó de tomar el anti-psicótico.
En esa época Ángel Paz me contaba muchas cosas de su vida. Me contaba que había sido constructor y que en esa época tenia a su cargo un equipo de personas a su cargo. También que había comerciado con drogas y que había tenido una plantación de marihuana en la casa anexa a nuestra vivienda, en donde estaban la lavadora y la secadora.
Muchas veces me sentaba con él a ver las tele y hablar. También un chico al que llamaré Max se sentaba con nosotros a veces.
Max también estaba diagnosticado como psicótico. Y de vez en cuando se ponía a gritar por las noches maldiciendo a unas entidades que nunca pudo explicarnos quienes eran, pero que según él le robaban cosas y le hacían trastadas para arruinarle la vida.
A mi sus gritos me preocupaban, por que temía que pudiesen provocar una reacción violenta en Ángel Paz, pero no. Cuando Max llegaba a despertar con sus gritos a Ángel , este lo ponía a raya, lo mandaba a callar y a encerrase en su habitación.
Había cierta armonía loca en la casa. En otoño e invierno la convivencia entre los tres era aceptable. Max gritando por las noches protestando contra sus entidades misteriosas, Ángel viendo repetidamente las series de narcos y bueno yo, el tercer loco de la casa conviviendo con ellos.
Ángel tenía enemigos de quienes planeaba vengarse algún día. En su versión de la realidad Ángel nunca era un agresor.
– Yo nunca he iniciado una pelea, siempre que me he peleado ha sido en defensa propia.
Ya conté que en la versión de la realidad de mi hermano eso no era cierto. Él recuerda a Ángel como un constante agresor.
Fue delante de la tele que un día cercano a la Navidad, me di cuenta de que Ángel estaba en un brote psicótico.
Al principio me pidió que llamase a su hermana para decirle que Ángel pensaba denunciarla. Su hermana tenia su número bloqueado y después de dos llamadas también bloqueó el mio.
Una de las ilusiones de Ángel era comprarse un coche y me estuvo contando sobre ello. Ángel estaba eufórico ese día.
– Estoy pasando la mejor época de mi vida – me decía.
En realidad estaba a punto de destruir toda posibilidad de bienestar y destrozar su vida.
En un momento dado dijo que iba a consultar sobre un modelo de coche a un concesionario. Pero esa llamada era imposible. Era la una y media de la noche, pero no solo eso, la conversación fue tomando una ruta difernte a la consulta sobre el coche. Después de colgar el teléfono dijo que había cerrado un acuerdo para comprar una gran cantidad de hachís a buen precio con el concesionario de coche, y que iba a volver a dedicarse al trapicheo. No sé si él realmente oía a alguien hablarle. Igino que sí que había construido una realidad privada y había vivido en ella. Había estado hablando casi media hora con un interlocutor inexistente teniendo una conversación imaginaria.
El resto de la noche estuvo llamando a la policía, los mossos de esquadra, diciendo que él había sido informante y poniendo denuncias por narcotráfico contra unas diez o doce personas del pueblo. Fue como a las cuatro de la noche que conseguí irme a la cama pues él requería mi presencia y no quería contradecirle pues era consciente de que se había abierto la caja de Pandora y que los demonios de Ángel estaban por invadir su realidad.
Por la mañana Ángel y yo bajamos desde la casa hasta la zona de la estación donde se encuentran cuatro de los bares del pueblo, dos en la plaza de arriba y dos en la plaza de abajo. Las dos plazas tienen nombre pero nadie los usa. La gente las llama así:Plaza de arriba y plaza de abajo.
En la plaza de arriba están La Cantina y La Tasqueta, y en la plaza de abajo El Forn y La Floresteca.
Tan pronto llegamos a la plaza de arriba Ángel identificó a uno de sus enemigos que desayunaba en La Tasqueta. Yo bajé por las escaleras que llevan al andén y por donde se llega pasando por la estación de tren a la plaza de abajo.
Cuando subí otra vez fui informado de las novedades. Tras increpar a su enemigo Ángel habia recibido un golpe en la cabeza propinado con un bate de beisbol. Al llegar a casa vi a Ángel subiendo a una ambulancia con el cráneo abierto, custodiado por los mossos de esquadra, la policía autonómica catalana.
Por la noche Ángel llegó con siete puntos en la cabeza y nos pusimos a conversar sobre lo sucedido. Su idea era quemar por fin el coche de su enemigo, como venganza. Ahora que había conseguido ser victima tenia derecho a la venganza Yo le intenté disuadir. Y Ángel dijo que ciertamente era mejor esperar.
Estaba durmiendo cuando Ángel abrió la luz de mi habitación para pedirme tabaco. Proteste y me dijo que así era la convivencia. Que no me quejase.
Un buen rato después oí a Ángel hablando por teléfono. Estaba denunciando a su enemigo por la agresión de ayer, pues en su momento dijo que no sabía quien le había golpeado. Volvió a abrir la luz de mi habitación para decirme que había quemado el coche de su enemigo y que lo había denunciado.
– Se va a enterar el hijo puta ese, va a acabar entre rejas. – Me decia.
Un rato después oí llegar a la policía. Ángel volvió a abrir la luz para informarme de que se iba con ellos a presentar la denuncia. La realidad era que se lo llevaban detenido pues había sido filmado mientras perpetraba su hazaña.
Pasó dos días en prisión esperando el juicio y yo aproveché para llevar mis pertenencias a la casa anexa, la misma donde estuvo la plantación de marihuana y donde estaba la lavadora.
En esa edificación había una habitación que Ángel me permitía usar de estudio y donde tenía un colchón para dormir. Ya había hablado con él sobre la posibilidad de liberar la habitación de la casa a fin de que el pudiese tener un nuevo inquilino y que yo viviese en esa habitación que hasta ese momento era mi estudio. De esa manera yo, que me veía con dificultades para pagar el alquiler, podía pagar menos y él tener ingresos extra. Era perfecto, pues esa vivienda me aislaba del resto de la casa y por tanto del contacto con él y sus problemas venideros.
Mi plan era vivir ahí hasta que pudiese conseguir una nueva vivienda.
Estaba en la plaza de abajo cuando recibí una llamada de Ángel Paz. En tono exigente me ordenaba que fuese a su casa. Yo lepregunté como estaba y dije que por supuesto iba ya mismo a verle.
Cuando subía yo por la cuesta que lleva de la estación a la vivienda volvió a llamarme. Esta vez amenazándome con expulsarme de la casa. Yo le dije que ya iba.
Recibí una tercera llamada cuando estaba llegando, no contesté y entré en la casa. Estaba Ángel gritando a Max y amenazandole con lo mismo: Echarlo a la calle.
Logré calmarlo de la mejor manera, con dinero. Le pagué el alquiler y eso le alegró. Evidentemente ese dinero era un desperdicio, pues no pensaba quedarme todo el mes. Luego de eso y en la cocina le pregunte´como se sentía. Me contó lo mal que lo había pasado y le di un abrazo. Entonces comenzó a llorar diciendo que Max y yo eramos su verdadera familia, que sus hijos y hermanos lo repudiaban. Que se sentía solo y que se sentia muy feliz por nuestra compañía.
Su discurso paso de esa emotividad a ser una exposición de sus planes futuros, planes que incluían quemar la casa del dueño de La Cantina con ellos dentro, y deseando que muriesen en ese evento.
Lo le dije que parara de decirme esas coas y eso lo hizo entrar en ira. Me gritaba aun cuando me fui a mi nueva habitación en la casa anexa. A la mañana siguiente iría a casa de mi madre a ver si podría ser posible dejar ahí mis pertenencias y quizás quedarme un tiempo cuando se fuese mi hermana Meri y su familia, los cuales estaban viviendo ahí repartidos entre las habitaciones y el sofá cama de la sala.
Eran Navides. Dos años antes por esas fechas mi mujer y yo ya sabíamos que ella iba a morir. Las Navidades eran el aniversario de ese periodo en que esperábamos juntos su muerte. Y ese año por un de esas rimas o autosemejanzas de la vida Nuría mi amiga estaba en un la misma situación. Nuria fue mi compañera por tres años, mi pareja. Ahora esperaba la muerte junto su actual, en una casa de pueblo de las montañas de Huesca.
Por otra parte mi madre tenía la casa invadida con la familia de mi hermana, que eran la pareja y cuatro hijos. Además estaba nerviosa por mi hermana Mercé que estaba en México. Mi hermana le había pedido dinero para una operación urgente y mi madre estaba nerviosa tanto por haber tenido que hacer un desembolso por encima de sus posibilidades como por el estado de salud de mi hermana y por las incógnitas sobre el desarrollo de esa situación de salud.
Y llego yo con un nuevo problema.
– Mamá voy necesitar ayuda. – le dije -Ángel está en crisis psicótica y temo por mi integridad física si me quedo ahí.
Mi madre se gira hacia mi hermana para hablar de los canelones que se tenían que llevar a casa de sus consuegros.
Me siento de pronto como en una alucinación, mi madre sé que me ha oído. Me ha oído decir que mi casero se ha vuelto loco y que temo ser atacado. Estoy nervioso no me doy cuenta de que insistir en ser atendido es poner a mi madre en una situación que le supera. Y le digo:
– Mamá. ¿No te parece importante lo que estoy diciendo?
– ¿Qué quieres? – Me dice.
– Ver si puedo dejar mis pertenencias aquí.
– No hay espacio en la casa. Puede dejarlas en la auto-caravana, en un cajón.
Yo pongo objeciones a que todo lo que tengo esté en un cajón y quiero explicarle que quizás mejor las pongo de otra manera para tenerlas a mano y entonces mi madre comienza a quejarse de que estoy alzando la voz y que ella no tiene por que soportarme.
Tengo un tono de voz muy alto y ciertamente estaba muy nervioso, ella también. Me giro hacia mi hermana. Mi idea es decirle: Soy consciente de que estoy alterado vamos fuera y ayudame en esto.
Digo:
– Soy consciente… y mi hermana me interrumpe. Y comienza diciendo:
– Tu no eres consciente de nada, si fuera consciente dejarías a mamá en paz.
Mi madre comienza a decir que no me quiere ver más, que me vaya que no me quiere y que si necesito ayuda que me ayuden otras personas.
Me voy al bosque llorando. Entonces suena el teléfono. Era mi hermana diciéndome que mi madre ya se calmó y puedo volver. Yo le digo:
– Yo no me he calmado, no puedo volver.
– Tienes la voz rara.
-Es que estoy llorando
– Ah, te cuelgo por que nos esperan mis suegros para comer.
Fue realmente un mal día para mi estado emocional. Tardé en reponerme lo suficiente como para poder encarar la situación.
Necesitaba encontrar donde dormir esa noche y encontrar otro lugar donde dejar mis pertenencias. Además necesitaría un vehículo.
No podía concentrarme. La situación con mi madre era extraña pero lógica. Yo y mi madre eramos desconocidos en realidad. Tras casi 16 años en México y más de 40 de vida independiente no nos conocíamos realmente y mi llegada de México la hacia sentir que tenía que cuidar de una persona más y se sentía superada por las exigencias de todos.
Hacia más de 40 años que me fui de casa a una casa ocupada. Mis amigos me acogieron tras una bronca con mi padre. Luego hice la mili y al regresar me fui a vivir a un ashram.
Un ashram es como se conoce a un lugar comunitario asociado a un Guru o maestro hindú. En Barcelona había uno con el que yo estaba vinculado.
Las enseñanzas del maestro se basaban principalmente en el Trika de Kachemira, no importa si no sabes nada de esos temas. No es importante para lo que voy a contar. Estudiábamos también textos como el Baghavat Gita, y cosas de Vedanta.
En el Ashram había una rutina. Yo tenía mi cama en una litera un sitio donde guardar las cosas. Nos levantábamos temprano, cantábamos el canto de la mañana meditábamos y luego desayunábamos. Después cada uno iba a su trabajo o a hacer lo que fuese. Yo trabajaba de cristalero y estudiaba quiromasaje. Era un buen lugar donde vivir. Por la tarde se había otro canto llamado Arati. Y meditábamos antes de ir a dormir.
Era un poco como la mili. Yo llegue a ese grupo o secta después de mi experiencia con Rosa de León de la que te hablaré luego. Me involucré mucho en esa enseñanza desde unos meses antes del servicio militar. Tanto que yo quería llegar a ser swami, monje hinduista y vivir cerca del Guru. Por ello tomé en secreto votos sacados de un libro de budismo. Votos que incluían la abstinencia de sexo y no consumir alcohol ni intoxicantes. Es decir no fumaba, no bebia y por supuesto no tomaba drogas. Tampoco me masturbaba ni mucho menos tenia sexo con nadie.
Puesto que yo estudiaba los textos en que se basaba la tradición y no era un mero devoto del Guru, yo sabía que la energía sexual estaba implicada en el proceso del despertar y que existían practicas sexuales en la tradición, es decir el Trika es una tradición tantrica.
Yo era muy curioso, siempre preguntaba a los swamis y uno de ellos me había dicho que el maestro al principio enseñaba a bendecir la marihuana a los hipies que le visitaban. Pero que al establecerse en occidente dejó de hacerlo. Esa información era suficiente como para que yo comprendiera que la tradición estaba adaptada a les leyes y a la moral de occidente, especialmente de EEUU.
Comprender que yo no estaba reprimiendo mis impulsos pecaminosos (sexuales) sino que reunía esa energía para que ascendiese hacia que no estuviese preocupado por mi pene. No era bueno ni malo levantarme por la noche o la mañana con una buena erección. Además lo que ya te he contado sin que tu sepas en un capitulo posterior, es decir lo que me pasó con Rosa de León, me dejaba claro que el contacto con mujeres no era ninguna ruptura de los votos.
Una experiencia que se hizo normal es sentir o experimentar la excitación que me podía producir una chica como una sensación en el pecho, en el “chakra del corazón”. Por eso cuando apareció Yogabaty en mi vida sus travesuras no me hacían sentir mal.
Un día estaba meditando y una chica me abrazó desde atrás. Yo sentí ese abrazo como parte de mi meditación. Luego hable con ella. No sé en que momento le dije que tenia el voto de celibato o mejor dicho de brahmacharia. Pero eso no impidió que al acabar las sesiones de mantras y meditación pasease con ella rodeando con mi brazo su cuerpo y besándonos saboreando su lengua como quien saborea una fruta deliciosa. La acompañaba a casa en metro y volvía al ashram.
Ella poco a poco me fue incitando a tener más contacto físico, metiendo mi mano bajo su ropa pidiéndome caricias.
Cuando le dije que mis tres años de celibato estaban cumplidos quedamos para pasar un fin de semana en la playa. Pero ella se echó atrás y cortó conmigo.
Más tarde conocria a la que llamaré simplemente O’ . No te contaré la historia de O’. Vivimos tres años juntos, tuvimos casa apartemento en la playa y dos coches. Yo por entonces ya era masajista y ella acabó su carrera de ingeniería informática. Y por ese entonces yo era ya budista.
La tradición budista tibetana es tantrica, al igual que el trika de Cachemira. No sentí que estuviese cambiando de traadición completamente. Más bien que el enfoque budista me gustaba más, era más relajado, menos sectario y sobre todo que en esa tradición yo tenia relación directa con un Lama.
Mi relación con ese Lama fue posible por que al no ser muy conocido el budismo no eramos muchos los que asistiamos a los cursos y el maestro era tan asequible que tomar un té o acompañarle al mercado formaba parte de la relación.
Fue después separarme de O’ que empecé a fumar y ver alcohol, pero no consumia drogas, ni tan solo cannabinoides, pero un buen día pensé en experimentar con LSD.
Loado Sea Dios es una manera de hacer referencia al LSD.
Le pedí permiso al Lama y él simplemente me dijo que hiciese lo que me pareciera correcto. Le pedí que me aconsejara y me dijo:
-No te hagas adicto.
Con esa tranquilidad de no ser juzgado, de depender solo de la propia responsabilidad pregunté un día a unos punkis que encontré en la calle, donde comprar ácido. Y la verdad tuve una suerte increíble.
En mi juventud había tomado ácido algunas veces, pero nunca como esos micropuntos que compré ese día. Faltaba encontrar la ocasión para tomarlo sin interferencias.
Pensé que esa ocasión había llegado cuando mi compañero de piso me dijo un día que se iba con el coche y que no esperara que volviera esa noche.
Hice una ceremonia budista de refugio y bodichitta antes de tomar mi dosis como si fuese un sacramento. Puesto que mi motivación provenía de ver como los primeros usuarios de LSD relataban experiencias semejantes a los de muchos místicos orientales y occidentales. Mi idea era que la toma era parte de mi práctica espiritual.
Esperé a que hiciese efecto meditando pero me aburrí decidí salir a pasear. Bajé a la calle para ir a la estación que estaba a escasos minutos y de pronto me di cuenta de que la percepción del tiempo estaba alterada. Apenas estaba aa mitad de camino y tenía la sensación de que llevaba un cuarto de hora caminando.
“Ostras, est vine fuerte.” pensé y me regresé a casa. Tan pronto llegué sonó el teléfono. No sabía si contestar pero como no veía distorsiones de la percepción lo hice era la novia de Michael mi compañero de piso.
– Hola Xavi, ¿sabes algo de Michael? – Dijo la voz de Sussana
-Dijo que se iba por ahí con el coche que no volvía hoy.
– Es que nos hemos discutido ¿Puedo ir a hablar contigo? No quiero estar sola.
Le tuve que decir que estaba en ácido y que no sabía como iba a ir.
Yo llevaba como 14 años sin consumir LSD y nunca, repito, nunca, había tomado unos tan potentes.
Me senté en el sofá y me relajé. Aun que el tiempo se había dilatado aun no estaba realmente en el viaje. Eso era la antesala.
Sussana llegó como en 20 min.
– ¿Cómo estás? – Me preguntó.
– Bien – Dije.
Ahora entiendo que esa actitud de estar relajado había sido bastante positiva. La televisión estaba encendida aunque no la miraba. Los colores de las imágenes de la pantalla estaban cambiados y había cierto efecto como de tridimensionalidad impropia de una televisión del siglo XX.
Estábamos los dos en un sofá ella mirando la tele y yo mirando una serie de arcoiris que surgían de un pelo del sofá cuando la luz impactaba sobre él. Era un fenómeno fascinante, por que no parecía una alucinación, era iridiscencia realmente parecía más algo a lo que yo no prestaba atención normalmente que un fenómeno propio de mi mente. Cuantos matices tenia cada cosa que me rodeaba y ella. Ella era hermosa, su novio la había dejado ¿Y si la beso?
Solo pensé en besarla y un abanico de posibilidades de futuros se abrió ante mi. Vi, como si de un grafico se tratara una ramificación de futuros posibles derivados de una sola acción: Besar a la novia de mi amigo. “De todos los futuros posibles, escoge siempre el mejor” Me dije como si estuviese tomando nota en esa frase de una comprensión que estaba más allá de ella, pero que la frase resumía.
– ¿Estás bien? – Me dijo Sussana.
Yo miré como me sentía. Mi mirada estaba sin foco, no desenfocada, sino que era panorámica. Veía de oreja a oreja todo mi campo visual. Y cada cosa tenía mil matices, cada fibra del sofá reflejaba pequeños arcoíris, era indescriptible.
– Es como si todo cuando he hecho en la vida fuese solo una preparación para experimentar esto – respondi.
– Vale. Pues voy al bar de abajo a pedir un bocata y subo – dijo Sussana – ¿Te puedo dejar solo?
– Sí, claro.
Oigo cerrarse la puerta y miro el televisor. Sussana había puesto una especie de culebrón o telenovela.
En la pantalla veo como una pareja llega a una gasolinera. Van en un descapotable. No entiendo muy bien que dicen, los sonidos tienen ahora una especie de eco que me dificulta la compresión.
El hombre entrega las llaves al empleado y entonces mira al escote de la chica con cara libidinosa, sonríe y me mira. Me mira a mi. De su frente aparecen dos cuernos y de su boca sale una larga lengua, larga y cónica, mientras me dice:
– Vamos.
Y en ese momento todo el campo visual estalla en una especie de mándala o fractal.
Cuando Sussana regresó no iba sola Luz iba con ella. El sonido de la puerta al cerrarse me sacó del fractal.
– He encontrado a Luciana en el bar. – Dijo Sussana.
– Así que ya te decidiste a tomarlos – Dijo Luz.
Luz era una amiga muy especial, era lesbiana pero dormía muchas veces conmigo y gustaba de mis caricias. Nos contábamos todo y siempre que ella quería ir a un local de ambiente para chicas gay íbamos juntos ¿O debiera decir juntas en este caso?
Las vi pasar frente a mi y sus cuerpos no parecían sólidos, eran como hologramas traslucidos.
No contaré todo se viaje que fue bien intenso. Solo comentaré que la casa se fue llenando de gente. Los amigos habituales y que finalmente Michael no pasó la noche fuera ni cortó con Sussana.
Fueron 11 los viajes que hice pues la primera experiencia, aunque estresante me confirmó que podía aprender mucho de mi mente y mi percepción con esa sustancia. Y compre al mismo chico unos 17 ácidos que guardé, cuidadosamente protegidos, y que fui tomando una vez al mes. Siempre en diferentes condiciones, y algunas veces acompañado por algún amigo o varios.
Evidentemente Luz fue uno de esos amigos en varias ocasiones.
Uno de los viajes más interesantes fue en la montaña con un amigo que se llamaba como yo, Xavier. Xavier era budista como yo, y por tanto con él iniciamos con un pequeño ritual. El hecho de compartir un mismo lenguaje, de estar ambos en el discurso budista nos permitía hablar de temas que no interesarian a otros amigos.
Sentados sobre un tapete. Teníamos un cristal de cuarzo transparente y algo de fruta, pan y queso.
Hubieron dos fenómenos interesantes en ese viaje. Uno fue que ante un desacuerdo sobre si hacía calor o más bien refrescaba, vimos que podíamos cambiar la sensación térmica a voluntad. El truco era enfocarse en la parte del cuerpo que recibía el sol o en la parte opuesta a la sombra.
Otro fue que ambos veíamos salir arcoíris del cristal de cuarzo. Si esos arcoíris fuesen alucinatorios la alucinación debía de ser compartida y por tanto debía de haber algún tipo de sintonía entre nuestras mentes. Un fenómeno de carácter telepático. No una sugestión de uno sobre otro, pues cuando uno mencionó los arcoíris, el otro ya los estaba viendo hacia un rato.
Pero me gustó mucho poder ver de forma visual el efecto de mi verborrea, es decir ver como perdía la atención de mi amigo cuando me enrollaba. El efecto visual era que se acercaba o parecía alejarse metros y metros cuando yo empezaba a enrollarme demasiado.
El tema era el karma. Un tema recurrente en el budismo pero que indirectamente está en toda la cultura humana. De hecho podemos ver que la propia palabra cultura tiene que ver con cultivo.
No, evidentemente soy incapaz de recordar que dijimos ese día. Aunque reconozco que era yo quien llevaba las riendas del discurso, Xavier también argumentaba o aclaraba algunos puntos y exponía sus dudas. Si yo me ponía a hablar sin tener en cuenta a mi interlocutor el interlocutor se alejaba, por tanto en trip era fácil darme cuenta de cuando pasaba de la conversación al monologo.
Una duda inicial era eso de tener una deuda karmica con alguien, por ejemplo si hemos matado a alguien. La idea de que esa persona debía matarnos en otra vida o si lo habíamos matado en una vida anterior y en realidad le estábamos matando para que pagara el karma, era un tipo de pregunta que nos hacíamos y que en realidad daba una idea ridícula del karma. Era evidente que no podía funcionar así.
La visión budista del karma tiene que ver más con el tema de como las impresiones mentales afectan a la visión del mundo. Las impresiones mentales son como programas, cuando algo sucede estamos programados para interpretar los hechos de una u otra manera. Y según esa interpretación tendremos tendencia a actuar frete a eso de una manera u otra.
En ácido y especialmente en dosis potentes un simple pensamiento nos puede llevar a ver literalmente la realidad como el mismo infierno, o llevarnos a una experiencia gozosa. Y no vamos a actuar igual si nos sentimos agredidos que si nos sentimos agradecidos. Tampoco vamos a actuar igual si estamos encerrados en nuestro orgullo y soberbia, que si nos vemos iguales a los demás.
Si ya sabemos no aprendemos, si nuestra interpretación del mundo es la verdadera y los demás están equivocados no podremos ver que en realidad nuestra interpretación es solo nuestra interpretación. Y creyéndonos poseedores del punto de vista verdadero seguiremos confiando demasiado en nuestra propia visión sin cuestionarla. Cuando eso sucede es cuestión de tiempo que acabemos aislados de la vida sintiendo que no nos toca la brisa, que no nos acarician las manos que nos tocan, que no huelen las flores a nuestro alrededor.
Tarde o temprano tomaremos una decisión equivocada crearemos una realidad indeseada y aferrándonos a ella crearemos poco a poco el camino hacia una visión infernal.
Esos caminos son en realidad redes neuronales fijas formas fijas de transitar la vida, formas de pensar que, si bien eran adecuadas para una situación puede e no lo sean para otra, pero como habremos perdido el contacto con la situación no podremos tomar un camino diferente uno más adecuado uno que nos acerque o nos mantenga en contacto con el gozo. Y una serie de conflictos intentarán despertarnos del sueño.
Ese tipo de cosas fueron las que poco a poco fuimos trabajando en el viaje. Sentíamos que en ácido, igual que podíamos enfocarnos en el calor o el frio, podíamos enfocarnos en el miedo o la confianza. Y como yo era de los el que había tomado más ácido le comunicaba a Xavier como habí ido detectando mis bloqueos y despejado mis miedos desdelos viajes anteriores.
De todas las interpretaciones posibles escoger aquella menos egocéntrica, menos autoreferente, menos paranoica.
Por otra parte ambos teníamos enseñanzas de nuestros maestros que apuntaban a la esencia de los tantras. La distinción entre deseo y placer, la distinción en querer alcanzar el placer, cosa que sería el deseo y reconocer en el placer el estado despierto.
Relajados en el presente dejamos de debatir, el viaje era gozoso y las filosofadas nos apartaban del gozo.
Yo me puse a repetir el mantra OM MANI PEDME HUNG y me di cuenta de algo. Quise comunicarselo a mi compañeño Xavier, o sea Xavi.
– Hasta ahora cuando repetía el mantra lo hacía para alcanzar a la divinidad, ahora siento que lo hago para expresarla.
Mi amigo Angel Paz me dijo un día que yo era su familia, unos días después intentó estrangularme. Me dijo que estaba viviendo la mejor época de su vida, unos días después sus acciones le llevaron a ser ingresado en el psiquiátrico de la prisión.
Ángel Paz era un amigo. No un gran amigo pero sí un amigo. Murió asesinado por su compañero de celda. La noticia salió en la televisión catalana. Dado que la situación que permitió que eso sucediese delataba un problema de recursos en las cárceles, la noticia salió en la prensa. Que un preso sin antecedentes, un chico con una enfermedad mental que había hecho tonterías durante su crisis pero que no había dañado a nadie, estuviese compartiendo celda con otro loco que había matado a su mujer y a sus hijos, y los había cortado en pedazos para meterlos en la bañera, era una situación altamente irregular.
Yo tengo una teoría. Te cuento. Un amigo del pueblo al que llamaré Gato estuvo en esa prisión. Una de las labores que hizo como interno fue repartir las sábanas limpias y recoger las sucias en todas las secciones de la cárcel. Eso incluye psiquiatría.
– Es la peor área de la cárcel. – Me dijo -Nadie puede pasar por ahí y soportar cuerdo en esa sección. Imaginate en un patio pequeño con más de 100 personas completamente taradas y medicadas. Esa es tu hora de paseo, tu rato de recreo diario fuera de la celda.
Me voy imaginando eso mientras Gato me cuenta.
Uno de mis compañeros de recreo se esta dando golpes con la cabeza en la pared, otro hace como que es un mono, otro pasea como zombi con la mirada perdida, otro se acerca y dice incoherencias. No puedo comunicarme con nadie. Quien no está sobremedicado esta en un viaje personal, ninguno de ellos gozoso. Unos recibiendo mensajes en el oído, otros están predicando, otros quejándose, otros amenazando. Hay alguien acurrucado en un rincón, se balancea adelante y atrás abrazandose a si mismo mieentras llora. Pasa alguien y me mira con agresividad, otro grita y eso incita a otros a quejarse o gritar. Cada uno de mis compañeros ha sido encerrado por acciones criminales y está loco. No sé como salir de este lugar ni cuanto tiempo estaré aquí. Cada día que regreso a este pequeño infierno soporto menos la idea de estar vivo.
Paseo entre ellos una hora cada día, y luego vuelvo a mi celda y quedo en compañía de un asesino. Yo soy ahora Ángel, ya he intentando suicidarme varias veces, esta vez lo deseo de verdad y no sé como. No quiero fallar esta vez y se lo comento a mi compañero de celda.
– Quiero morir. – le digo.
– Yo te ayudo compañero, a mi me sale gratis una muerte más.

