La obra se abre con un prefacio en el que Yang Xiong expone la necesidad del Taixuanjing. Desde el inicio insiste en que la realidad no puede comprenderse solamente mediante los hexagramas del Yijing (易經), pues éstos, aunque venerables y profundos, se limitan a sesenta y cuatro configuraciones. Para abarcar de manera más completa la dinámica del cosmos, Yang Xiong propone ochenta y una figuras, que nacen de una organización distinta de los números y de la lógica de los cambios. El prefacio subraya que este canon no es una simple adición a la tradición, sino una ampliación fundamental de su alcance: el Yijing muestra la raíz, pero el Taixuanjing pretende desplegar la totalidad. Yang Xiong advierte que el texto es difícil y que su estudio exige años de atención constante. También señala que su intención no es complacer a los curiosos ni ganar fama, sino dejar un testimonio que permita a los hombres sabios orientarse de acuerdo con el orden del cielo y de la tierra.
A continuación se introduce el primer libro de tetragramas, que son figuras de cuatro líneas en lugar de seis. Estas figuras, llamadas “elementos del Misterio”, se presentan como imágenes que condensan situaciones fundamentales del ser y del devenir.
Cada tetragrama es acompañado de un juicio que indica cómo deben interpretarse sus configuraciones: unas conducen a la prosperidad y a la armonía, otras presagian dificultad o ruina, y algunas describen estados intermedios en los que la perseverancia puede cambiar el destino. El lector se encuentra así con una serie de símbolos que funcionan como espejos de la vida natural, social y política. El Misterio se manifiesta tanto en el crecimiento de una planta como en las decisiones de un gobernante; por eso las sentencias abarcan desde lo íntimo hasta lo colectivo.
Junto a estas figuras, The Canon of Supreme Mystery incorpora los comentarios tradicionales, que buscan aclarar la intención de Yang Xiong y dar claves de lectura. El primero de ellos es el de la tierra. Numeración (數). Allí se establece la base matemática del Taixuanjing. Se explica cómo deben emplearse las varillas de milenrama para obtener las figuras, cómo se cuentan los números, y qué combinaciones señalan fortuna o infortunio. Se insiste en que la adivinación no puede hacerse de manera ligera: no se consulta sin concentración, ni sin una pregunta verdadera, ni fuera de la rectitud moral. El comentario despliega fórmulas para organizar los cálculos: dieciocho varillas se convierten en treinta y seis, y a partir de allí se construyen acumulaciones que reflejan el orden cósmico. El objetivo no es meramente adivinatorio, sino pedagógico: enseñar al lector a ver en los números el ritmo mismo del universo.
El comentario del Texto (文) explica que los números, aunque esenciales, necesitan ser expresados mediante palabras. El wén es la escritura, pero también el estilo, el patrón que transmite sentido. Yang Xiong insiste en que solo con un lenguaje ajustado y claro puede comunicarse la verdad del Misterio. La escritura es aquí un puente: permite que lo abstracto de los números se vuelva comprensible para la mente humana. En este apartado se defiende un ideal de sobriedad, donde las palabras deben ser exactas y no engañosas, porque un estilo corrompido oscurece el Misterio en lugar de revelarlo.
El comentario del Diagrama (圖) lleva al lector hacia lo visual. Allí se describe cómo un solo Misterio cubre las tres regiones, cada una dividida en nueve provincias, con ramas que sostienen familias y divisiones. El diagrama ofrece una visión total del cosmos, donde cada parte tiene su lugar y ninguna queda fuera del orden. Es una representación espacial del Misterio, que muestra la forma en que lo uno se diversifica en lo múltiple sin perder unidad. La imagen es tanto cosmológica como social: así como el universo se organiza en regiones, también las familias y los clanes se distribuyen en jerarquías que reflejan la misma armonía.
El Anuncio (告) adopta un tono exhortativo. Funciona como proclamación de principios, una voz que advierte y orienta. Se trata de un recordatorio solemne de que el Misterio no es un juego de cálculos, sino una enseñanza moral y espiritual. El anuncio habla con autoridad, como un decreto que instruye al lector sobre la responsabilidad de emplear bien el canon y no desviarse hacia usos banales o interesados.
En el Brillo (瑩) se presenta la metáfora de la luz. El Misterio, por su naturaleza, tiende a permanecer oculto; pero cuando se lo estudia con dedicación, brilla y se vuelve transparente, iluminando incluso lo que parecía más oscuro. El comentario señala que el brillo no es solo intelectual, sino también espiritual: es la claridad que da la sabiduría, que hace visibles las conexiones entre cielo y tierra, entre número y destino.
El Despliegue (攡) desarrolla la idea de que lo oculto necesita expandirse para volverse manifiesto. El Misterio no es estático: se abre, se extiende, se organiza en capas y ramificaciones. Este comentario muestra cómo las líneas y figuras, al ser interpretadas, revelan dimensiones cada vez más amplias de sentido. El despliegue es un proceso de crecimiento, semejante al brote que sale de la semilla y se convierte en árbol.
El comentario del Bastón (棿) regresa al instrumento físico de la adivinación: la vara de milenrama. Aquí el Misterio se vincula directamente con el objeto material que permite la consulta. El bastón es apoyo, mediador, puente entre lo humano y lo divino. Yang Xiong parece recordar al lector que sin la materialidad de la vara, los números no se obtendrían, y sin números no habría Misterio visible.
En el Entretejido (經錯) el foco está en las interrelaciones. El Misterio no es un conjunto de elementos aislados, sino un tejido de cruces y nudos. El entretejido muestra cómo las líneas se combinan, cómo los principios se cruzan y cómo la totalidad surge de esos cruces. Es una reflexión sobre la urdimbre de la realidad, en la que cada hilo cobra sentido solo en relación con los demás.
Por último, el comentario del Impulso (衝) habla de la fuerza que mueve el universo. El Misterio no sería tal si no estuviera animado por una energía dinámica que hace surgir los cambios. El impulso es esa presión interior que empuja a lo latente hacia lo manifiesto, que convierte la quietud en movimiento, y el potencial en destino. Es el momento en que el Misterio se hace acción.
Después de los comentarios, el resto de The Canon of Supreme Mystery despliega las ochenta y una figuras en secuencia. Cada una es presentada con sus sentencias y glosas, que abarcan todos los ámbitos de la existencia: el gobierno y la política, la vida familiar, los fenómenos naturales, el crecimiento y la decadencia, la fortuna y el desastre. En conjunto, el libro busca mostrar que el cosmos y la vida humana están regidos por una misma lógica del Misterio, y que al aprender a leer esas figuras se puede participar de la armonía del cielo y d
